Mariano Moreno y María Guadalupe Cuenca. Ilustración para Télam de Osvaldo Révora. Una tarde de 1804 Mariano Moreno visitaba una tienda en Chuquisaca, ciudad a la que había llegado unos años antes para estudiar Derecho en la prestigiosa universidad de los franciscanos. Entre objetos más o menos interensantes, encontró un camafeo que tenía tallado el rostro de una mujer hermosa. Preguntó al dueño de la tienda si aquel retrato “era de verdad”. El hombre le respondió que sí, que por supuesto, que no era otra que María Guadalupe Cuenca, de 14 años y oriunda de esa misma ciudad. La respuesta del tendedero resultó una brisa que avivó las llamas en el corazón de Moreno, que ya ardía con las banderas que la Revolución Francesa agitaba del otro lado del mar y con los libros de Voltaire, Rousseau, Montesquieu y Diderot que leía en la vastísima biblioteca que le facilitaban los curas. Y como todo lo que quema convoca a la acción, Moreno buscó a Guadalupe hasta encontrarla. Y alcanzó con que se miraran a los ojos para que alumbrara el amor, el casamiento (un 20 de mayo de 1804) y un hijo (Marianito, en 1805). María Guadalupe Cuenca había nacido en 1790 en Chuquisaca. Era huérfana de padre y su madre quería que se ordenara como religiosa. Creció en un monasterio de su ciudad natal y fue Moreno quien le permitió sortear el compromiso con la Santa Iglesia Católica para adquirir otro tan abismal como misterioso: el del amor y la revolución. Fue el canónigo Matías Terrazas quien bendijo el matrimonio y otro cura, fray Cayetano Rodriguez (protector y mentor de Moreno durante sus estudios en lo que hoy es el Nacional Buenos Aires), quien anunció la buena nueva en la gran aldea.Moreno, ya abogado, regresó a Buenos Aires en septiembre de 1805 junto a Guadalupe y Marianito. Vivieron en la casa de los padres de Moreno, el español Manuel Moreno y Argumosa y Ana María Valle, una de las pocas mujeres que sabía leer y escribir de este lado del Río de la Plata. Mariano había sido el primero de los catorce hijos que tuvo el matrimonio. Y también el que marcaría para siempre la historia de eso que, ya entonces, comenzaba a soñar como Patria.  Amor y revolución Mariano Moreno (1778-1811)  “… Del pobre Castelli hablan incendios, que ha robado, que es borracho, que hace injusticias, no saben cómo acriminarlo, hasta han dicho que no los dejó confesarse a Nieto y los demás que pasaron por las armas en Potosí, ya está visto que los que se han sacrificado son los que salen peor que todos, el ejemplo lo tienes en vos mismo, y en estos pobres que están padeciendo después que han trabajado tanto…”, escribía Guadalupe a Mariano en la carta fechada el 20 de abril de 1811. Pero faltaba tiempo todavía para que Moreno partiera hacia Londres, para que Guadalupe -o Mariquita, como a él le gustaba llamarla-, pusiera sobre el …

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