El Cabildo porteño hoy, mayo de 2021, en plena remodelación (Lara Sartor/Télam). “En las calles de Buenos Aires no se ven, en las horas de la siesta, más que médicos y perros”, escribía un viajero francés sobre la Gran Aldea. Un pueblo grande de calma chicha. Una chispa en la oscuridad colonial donde las noticias llegaban tarde de tanto atravesar el océano y en la que los conspiradores traficaban “novedades” mezclada con la correspondencia mientras soñaban con una revolución en nombre del rey de España. “En esos primeros años del siglo XIX la comunicación era por barco y tardaba en llegar tres o cuatro meses; tres o cuatro meses después de producirse los hechos”, cuenta el historiador Norberto Galasso, mientras comienza a separar las hebras de la madeja de la Semana de Mayo en diálogo con Télam. Los hechos, aquellos hechos, decían que el 18 de mayo de 1810 el Virrey del Río de la Plata, Baltasar Cisneros, ya no podía ocultar lo que toda España sabía y gente inquieta como Manuel Belgrano y Juan José Castelli se acaban de enterar con el arribo del último barco al Puerto de Montevideo: que la Junta de Sevilla había caído. Esto significaba, ni más ni menos, que gobernar en nombre de Fernando VII era una quimera, pero también un imperativo para quienes pretendían encender en Buenos Aires la chispa de una Hispanoamérica democrática y a tono con “las nuevas ideas” de Libertad, Igualdad y Fraternidad forjadas durante la Revolución Francesa. “Fernando VII, en un principio, había asumido las nuevas ideas pero después vuelve a ser el reaccionario que había sido siempre”, explica Galasso. Pero la historia, aunque desordenada, se cuenta desde el principio, y a los patriotas poco les importaba lo que el hombre iba a hacer después, cosa que por otra parte nadie podía adivinar. Y esto fue lo que pasó. Cronología de la Semana de Mayo por Pedro Saborido El grito sagrado En enero de 1808 las tropas francesas invaden Portugal y después el resto de la península Ibérica. Carlos V entrega el reino de España a su favorito Manuel Godoy y éste a Fernando VII, quien finalmente dimitirá a favor de José Bonaparte, hermano de Napoleón. Sin embargo, el pueblo español tenía otros planes y organiza la resistencia a la invasión napoleónica a través de juntas de gobierno instaladas en las principales ciudades, coordinadas por la de Sevilla. Las juntas, unas más que otras, querían también la democratización del reino. Y el fin del absolutismo. Aquellas juntas de gobierno serían la inspiración de los patriotas americanos. Y el atajo hacia la libertad: Si las colonias son del rey y el rey está impedido de goberrnar, ergo, nos gobernamos nosotros mismos. Es cierto que Fernando VII levantó las banderas revolucionarias por unos pocos días, tan pocos como los que reinó cuando Napoleón lo puso y lo sacó del trono. Pero aquí las …

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