En el AMBA se han incorporado nuevas formaciones para obtener más frecuencias. Una tela de araña que terminaba en el puerto de Buenos Aires para garantizar la “servidumbre nacional” al Imperio Británico. La posibilidad de unir pueblos distantes y también fundarlos. Un instrumento para conectar y pensar la Argentina de otra manera. Los ferrocarriles argentinos fueron todo eso, pero también más: una esperanza, un sueño, una posibilidad. Intimamente ligados al desarrollo nacional y al país que nació en la segunda mitad del siglo XIX, con Buenos Aires como epicentro y el Puerto como corazón, el tren se convirtió en un símbolo nacional que supo de auges y decadencias. En 1948, cuando Juan Domingo Perón nacionalizó los ferrocarriles que administraban mayormente compañias inglesas, había 47.500 kilómetros de vías operativas. Hoy, poco más de 70 años después, orillan los 3.800 kilometros” Los cierres de los ramales comenanzaron en los años 60, con el auge del transporte automotor que cobró impuslo de la mano del gran capital estadounidense. Este proceso se profundizó en los años 90, con la privatización y progresiva destrucción de lo que quedaba de la red ferroviaria. El presidente de Trenes Argentino, Martín Marinucci, y el ministro de Transporte, Mario Meoni. Sin embargo, el tren parece vivir hoy un nuevo auge, un tiempo de revancha. Esta vez empujado por la necesidad de recuperar una vía de comunicación eficaz, económica y sana para el medio ambiente. Así, pueblos y regiones enteras que habían quedado rezagadas  o al borde de la extinsión por la desaparición del ferrocarril vivien una nueva esperanza. “Estamos volviendo conectar localidades porque cada tren que dejó de llegar a un pueblo es un pueblo que empezó a desvanecerse”, explica a Télam Martín Marinucci, presidente de Trenes Argentinos, a la hora de dar cuenta de los primeros pasos de “un proceso en el que nos proponemos reactivar los ramales que han sido cerrados”. El responsable de la empresa pública encargada de administrar la red ferroviaria nacional considera un símbolo de la nueva etapa el tren que desde el 8 de febrero pasado vuelve a unir la ciudad de Salta con Campo Quijano, en el norte del país. “Son 47 kilometros de vía después de 50 años sin tener el tren circulando. Fue muy lindo compartir la emoción de muchos pioneros ferroviarios que pensaban que ya nunca se iba a recuperar el tren”, desacó el funcionario. “En todo el mundo se ha llegado a la conclusión de que el ferrocarril es importante. Es más barato y es la posibilidad de llegar y dar vida a pueblos del interior”, comenta a Télam el historiador Norberto Galasso, dando cuenta de un fenómeno que si bien puede tener raices nacionales es de alcance mundial. A dónde vamos Divisadero, la terminal de Pinamar. Este ramal que parte de la estación de General Guido fue un éxito durante el verano. La reapertura de ramales será progresiva …

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