Falleció Adrián Blanco a los 64 años. El actor, adaptador y director teatral Adrián Blanco, especialista en la obra de Witold Gombrowicz, cuya versión de “Trans-Atlántico” mereció los mayores elogios durante 2009 en el Teatro Nacional Cervantes, falleció este sábado a los 64 años en Buenos Aires, víctima de Covid-19, que le complicó un cáncer de estómago precedente, informaron sus allegados. Por esa obra estuvo nominado al Premio Florencio Sánchez como mejor director, dentro de un arco temático que culminó en 2018 con “¡¡¡Bacacay, un crimen premeditado!!!”, cuya adaptación compartió con Mario Frías, y que lo dotó del soñado Premio Trinidad Guevara como mejor director. Antes, en 2004, ofreció por primera vez en la Argentina la pieza “Opereta”, que intercalaba diálogos con partes cantadas, y contó con los subsidios del Instituto del Libro de la República de Polonia y de Proteatro, además de estar auspiciada por la Embajada polaca. La pieza fue incorporada al “Programa Gombrowicziano” que se realizó en todo el mundo en conmemoración del centenario del nacimiento del escritor. Hombre afable, de convicciones firmes, enorme sentido del humor y conocedor como pocos de la obra del novelista polaco, Blanco se había iniciado en el Instituto Vocacional de Arte Labarden, con Ariel Bufano y Luis Agustoni como primeros maestros, estudios que completó en la Escuela Nacional de Arte Dramático. Allí tuvo como docentes a Lorenzo Quinteros y Mónica Galán, a quienes sumó en forma individual a Roberto Durán, Raúl Serrano, Laura Yusem y Mario González como sus formadores. Su camino en el arte Sus primeros tiempos como director están integrados por títulos como “La Mabel”, de Santiago Varela (1988), “Asociaciones baratas”, de Pablo Chiacchio (1989), “Ojo por ojo”, versión propia de “África”, de Roberto Arlt (1995), “Locos de contento”, de Jacobo Lagsner, (1998, en la localidad de Monte Hermoso). En esa primera etapa figuran también “Pulp”, versión propia sobre la novela homónima de Charles Bukowski (1998), “Miopes”, de Alfredo Grande (1999), “Plástico cruel”, de José Sbarra (2001), “Despertate Cipriano”, de Francisco Defilippis Novoa (2001), que también protagonizó, y “El farmer: Rosas en el destierro”, de Andrés Rivera (2002). Una de sus últimas y elogiadas puestas fue “Fedra”, de Juan Mayorga, con Marcela Ferradás y Horacio Peña, que en 2019 fue su entrada triunfal al Teatro San Martín, pero también están en la memoria “Por la gloria”, de Ricardo Halac (2015), “Errante en la sombra”, de Federico Andahazi (2015) y “El Plauto”, de Carlos Trías (2016), ejemplos de concepto teatral en los que el entretenimiento y la sorpresa no se chocaban con la profundidad. Como actor se destacó en “Vine a verte, papá” (1982, de Jorge Palant), “El show de la Rosetto” (1988, de Oscar Balduchi, en Carlos Paz, por la que fue ternado como revelación masculina en los premios Carlos 88), “La damma boba” (1991, de Lope de Vega, con adaptación y dirección de Antonio Rodríguez de Anca), “Arlequino” (1995 y 2010, de Carlo Goldoni, con …

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