Martin Scorsese vuelve a los conocidos territorios de la mafia, los asesinatos por encargo y las inseguras lealtades que se forjan en el submundo del hampa, los negocios y la política en «The Irishman», superproducción que filmó para la plataforma Netflix y que hoy se vio en calidad de premiere argentina en el cierre del Festival de Mar del Plata La proyección del nuevo filme de Scorsese fue el preludio de la entrega de premios del festival, que concluye mañana. Reuniendo una troupe de viejos conocidos como Robert de Niro, Joe Pesci y Harvey Keitel, a los que suma a Al Pacino (en un excelente Jimmy Hoffa), Scorsese obtiene un filme sólido, que no parece aportar tanto en términos cinematográficos a su filmografía. Sin embargo, esta película aparece como la que mejor pinta y elabora la futilidad y soledad de estas vidas dedicadas a los negocios rápidos, el ascenso social fulminante y el manejo del poder, legal o ilegal, lo que en Scorsese es la misma cosa. «Si eliminaron a un presidente (por John Fitzgerald Kennedy) también pueden eliminar al presidente de un sindicato», dice Russell Bufalino (Joe Pesci) a su protegido Frank Sheeran (De Niro), el irlandés del título del filme, cuando le advierte que para la mafia el tiempo de Hoffa al frente del sindicato de camioneros se acabó y que debe retirarse, o atenerse a las consecuencias. Como se sabe, el poderoso líder sindical de los camioneros estadounidenses desapareció en julio de 1975, aunque su muerte fue declarada en 1982, La película de Scorsese cuenta cómo fueron los últimos sucesos en la vida de Hoffa, su asesinato y desaparición de su cuerpo, la trama del poder que lo lleva a pasar cuatro años preso y perder el sindicato y las peleas con la mafia por el manejo de los fondos mutuales del gremio. Y todo comienza con la presidencia de JFK, los acuerdos que la mafia teje para invadir Cuba y recuperar los manejos de los casinos y el juego en la isla caribeña, el apoyo de Hoffa a Richard Nixon y la posterior persecución judicial que sufre a manos del fiscal General, Edward «Bobby» Kennedy, hermano de John Fitzgerald. Como en «Buenos Muchachos», el relato se asume en off y está contado por Sheeran, retirado, olvidado de sus hijas y viviendo en un asilo de ancianos cuando los viejos conocidos de ruta ya murieron. De ese presente del off el filme pasa a otro presente, un viaje en automóvil por la ruta entre Bufalino, Sheeran y sus esposas para asistir a una boda (y liquidar unos negocios de paso) y desde allí aparecen recurrentes flashbacks que van contando la historia completa.

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