La 34 edición del Festival de Cine de Mar del Plata, que concluyó sus estrenos y que este domingo entregará sus premios, deparó una Competencia Internacional pareja, interesante y con buenas películas. El festival más importante del país y único Clase A de América Latina, privilegio que comparte con Cannes, San Sebastián, Venecia y El Cairo, entre 15 festivales, se desarrolló además con un importante acompañamiento de público, con funciones a sala llena, no pocas de entradas agotadas. A lo largo de 10 días, Mar del Plata fue epicentro de parte del mejor cine que se puede ver este año en el planeta y volvió a consolidarse como un certamen cinematográfico que cuenta, entre otras cosas, con un entrañable acompañamiento de público, ya sea marplatense, de estudiantes de cine de distintas partes del país o de cinéfilos aficionados que llegan hasta esta ciudad balnearia para recrear un ritual que parece lejos de la extinción que algunos le pronostican: el de las grandes pantallas, las salas a oscuras y la experiencia colectiva de descubrir una historia paso a paso. «Los sonámbulos», de Paula Hernández, un drama familiar de notable tensión y desarrollo, con grandes actuaciones y óptimo despliegue narrativo, que ingresó hoy en la Competencia Internacional, se transformó en uno de los grandes candidatos a los premios, que se entregarán mañana desde las 19 en el Teatro Auditorium. Luego de la gala de premiación, se proyectará en premiere argentina «The Irishman», el drama con el que Martin Scorsese vuelve a los conocidos territorios de la mafia, los asesinatos por encargo y las lealtades dudosas y que filmó para la plataforma Netflix con un elenco con Robert De Niro, Joe Pesci y Al Pacino. La película de Hernández no está sola en la nómina de las destacadas, junto con ella suenan fuerte en estas horas «O que arde», intenso filme del realizador gallego Oivier Laxe; y el registro surcoreano «Scattered Night», que con inusitada ternura habla del proceso de separación de una familia y el temblor subterráneo que desata cuando es contemplado desde la mirada de dos niños. Un caso distinto es el de «Vitalina Varela», una nueva entrega del realizador portugués Pedro Costa, que por concepción poética, discurso cinematográfico y profundidad existencial puede catalogarse de obra maestra y a la que haber llegado a Mar del Plata ya consagrada (Leopardo de Oro en Locarno), quizás le reste posibilidades del Astor de Oro pero que no debería irse de Mar del Plata con las manos vacías. También ranquearon bien entre la prensa especializada y el público «La vida invisible de Euridice Gusmao», un melodrama situado en la Río de Janeiro de la década del 50 dirigido por el brasileño Karin Ainouz y que llegó con el máximo premio de la sección oficial de Cannes Una Cierta Mirada, y «I Was at Home, but», filme de la alemana Angela Schanelec. Otra particularidad del certamen fueron las grandes actuaciones femeninas en los …

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