El festival suizo «Aventuras del cine mudo», que propone el cruce entre los lenguajes visual y musical, desembarcará en la Argentina en su primera gira por Sudamérica, que también incluyó a Chile y Brasil. En total serán 45 intérpretes de Suiza, Francia, Austria, Hungría, Chile, Argentina y Brasil, que van del jazz y la música improvisada hasta el post rock, la electrónica y música experimental contemporánea, y más de una quincena de largometrajes. La programación completa se puede conocer en la página oficial del festival (https://ioic.ch). – Télam: ¿Cómo se articulan las proyecciones y la música? – Pablo Assandri: Mostramos la película sin ediciones ni manipulaciones y la música está en función de la proyección, es un puente para entenderla. No hacemos artes visuales con música. Los músicos están encargados de la sonorización y su función es ayudar al público a entrar en la atmósfera. El objetivo es que la gente no se dé cuenta de que hay música. En las elecciones tenemos en cuenta dos criterios, por un lado que los contenidos vayan de la mano con los estilos que cada grupo o artista desarrolla, y el segundo tiene que ver con el corte de la película, si es lento y atmosférico o rápido. – T: ¿Los filmes giran en torno de la aventura? – PA: Sí, elegimos esa temática porque es un género muy interesante en el cine temprano. Hace 100 o 120 años viajar era un lujo para poca gente y el resto solo podía viajar al Monte Everest, al Polo Sur o a Tahití a través de la mente. El hecho de que existan varios tipos de documentales narrativos o comerciales, entre otros, indica que llegaba un espectro muy amplio. En este caso hablamos de aventura con un doble sentido, por un lado por el argumento de los filmes y también como metáfora del cine porque también exhibimos películas de cine experimental. – T: Es extraño hablar de mudez y de lenguaje universal al mismo tiempo… – PA: Nunca fue cine mudo en realidad, fue cine visual en primera línea. Todas las posibilidades que tiene el cine fueron ensayadas en los primeros 30 años de existencia, no es un cine que no habla. Después vino el sonido, la música no es interdiegética. Con el sonido se desinternacionalizó y se regionalizó el cine y con ello muchos actores perdieron su trabajo porque no sabían pronunciar bien o hablar otros idiomas… – T: ¿Se propone como resistencia a los tiempos que corren? – PA: El festival es único porque si no estás ahí o vivís la experiencia no te enterás. No es algo reproducible y eso es lo interesante porque hoy estamos acostumbrados a ver cine de otra manera, en móviles. Es ese carácter especial que el cine perdió un poco, y nosotros tratamos de recuperar.

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