El 2 de diciembre de 1989, casi tres décadas atrás, la entonces ascendente y ya legendaria banda rockera Los Redondos concretó el primero de sus recitales grandes y formales en el estadio Obras, un lugar que hasta entonces rechazaba y donde en abril de 1991 la policía asesinaría al joven Walter Bulacio. Mudarse hacia ese establecido templo del rock local fue un hecho traumático para el discurso y el andar independiente y autogestivo de la experiencia artística del grupo. Ese paso marcó no solamente la historia del grupo y del rock argentino sino que reconoce derivaciones varias que van desde el asesinato de Bulacio al siempre vigente problema de Los Redondos entonces y de “Indio” Solari luego, por albergar sus misas musicales en condiciones óptimas para quienes asisten. En tiempos de crisis económica, recesión e hiperinflación, Los Redondos asomaron no sólo como una banda de rock que desafió los moldes de la contracultura sino como un fenómeno social en crecimiento que no volvió a repetirse en la escena local. Luego de la salida de ‘Un baión para el ojo idiota, la popularidad de la banda creció rápidamente. De unos recitales en el teatro Bambalinas, Los Redondos debieron cambiar su estrategia porque los distintos espacios ya empezaban a quedarle ‘chicos’”Adolfo Morales, periodista Corría fines de 1989 para una agrupación que ya llevaba más de diez años sobre escenarios en los que esa representación inicial de músicos participando, si se quiere, de un espectáculo emparentado con lo teatral había devenido en potentes shows rockeros, con una conformación singular. La agrupación platense liderada por Carlos “Indio” Solaria había lanzado recientemente el disco “Bang bang! Estás liquidado”, cuarto material de una carrera que iba en ascenso. Por aquellos días de especulación financiera y corridas de un dólar inestable, el grupo era víctima de la crisis para exhibir su material en la calle: la falta de vinilo. Adolfo Morales, periodista de Télam que seguía de cerca aquel fenómeno, evocó que “luego de la salida de ‘Un baión para el ojo idiota’ (1988), la popularidad de la banda creció rápidamente. De unos recitales de presentación en el teatro Bambalinas (reducto sobre la calle Chacabuco en la zona de San Telmo) Los Redondos debieron cambiar paulatinamente su estrategia porque los distintos espacios ya empezaban a quedarle ‘chicos’”. A mediados de 1989, tras ofrecer actuaciones en ciudades bonaerenses como Tandil, Mar del Plata o Balcarce, la banda consiguió un salón en el que pareció sentirse confortable: Se trataba de un viejo cine sobre la calle Bernardo de Irigoyen, en la barriada de Constitución, que había sido bautizado con el nombre de “Satisfaction”. Morales contó que “las poco más de 2000 localidades para ese salón se vendían desde tres horas antes de cada show en improvisadas boleterías montadas sobre micros escolares de color naranja. Pero ese lugar (con galerías en el primer y segundo piso), también empezó a quedar pequeño. Entonces se hizo …

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