La tensión disparada el miércoles entre Argentina y Uruguay en la reunión de cancilleres del Mercosur por el anuncio de Uruguay de que comenzará a explorar acuerdos comerciales de forma individual, quedó ratificada al día siguiente en la cumbre de presidentes, cuando se vislumbró la posibilidad de que se esté consumando un intento de descarrilar el esfuerzo integrador de 30 años, y no solo por los discursos de Alberto Fernández y Luis Lacalle Pou. Con Brasil en la presidencia pro témpore las expectativas están centradas en si este país avanza en busca de mayor apertura o una liberalización de aranceles, porque es quien tiene poder para negociar con Argentina. Los nubarrones se trasladaron de la sede de la cancillería argentina en la Plaza San Martín, al palacio de Itamaraty, en Brasilia, pasando por la sede montevideana del Mercosur El mandatario argentino fue el encargado de abrir el encuentro y el primero en brindar un discurso, de manera remota, desde Casa Rosada. “Es a través de más integración regional y no de menos integración regional, que estaremos en mejores condiciones de producir, comerciar, negociar y competir”, planteó. Pero su gobierno decidió solo transmitir el discurso del jefe de Estado y cortar la emisión de los mensajes de los otros presidentes, lo que molestó a los otros mandatarios. Fernández dejó en claro la posición contraria al planteo de Uruguay: “Creemos que el consenso es la columna vertebral constitutiva del Mercosur, no podemos resignar este principio, es una regla”; “el camino es negociar juntos con terceros países o bloques”, negociando “solos alimentaremos el espejismo de una vana prosperidad, y unidos podemos tener un Mercosur creativo, que no se corte solo imponiendo visiones unilaterales”. Al cierre del discurso, insistió: “Argentina reafirma que nadie se salva solo. Un Mercosur de corazón solidario es la nave insignia de la estrategia de integración”. Por du parte, el presidente uruguayo Luis Lacalle Pou ratificó lo adelantado el miércoles por el canciller Francisco Bustillo en la reunión del Consejo del Mercado Común (CMC): sostuvo que su gobierno tiene “vocación aperturista” y subrayó que “el mundo ya va muy rápido, se está entrelazando comercialmente y el final del covid va a hacer que estas negociaciones se disparen. El mundo avanza y no nos va a esperar”. Luego, amenazó: “Hacia allá va Uruguay. Ojalá que vayamos todos juntos, pero lo que está claro es que hacia allá vamos”. “Nuestro país tiene vocación aperturista. Nuestro país, como el Mercosur, tiene esa vocación. Tenemos que seguir avanzando con la Unión Europea. Los intentos frustrados generan escepticismo y desconfianza. El Uruguay quiere avanzar con el Mercosur, tenemos más fuerza, más dimensión y más poder negociador con el mundo”, añadió. También manifestó que su país tiene “vocación de ser un puerto de salida al mar de la República hermana de Paraguay, ya sea el principal o el accesorio. Tenemos que unificar los trabajos en los pasos de frontera, trabajar en políticas de frontera. Lo hemos hecho muy bien en la pandemia con Brasil”, explicó. El 26 de marzo Lacalle había dicho que el Mercosur no podía “ser un lastre” que impidiera el avance comercial de su país, a lo que Fernández contestó que si Argentina era considerado un lastre, “que tomen otro barco”. Tres días después, Lacalle insistió con que se le “afloje la piola (cuerda)” a su país para poder negociar con terceros. Creado hace 30 años, el Mercosur agrupa a más de 300 millones de habitantes y es la quinta economía del mundo, con un territorio de más de 14 millones de kilómetros cuadrados. La construcción de relatos Respecto a la posición …

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