Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región. Por Garabed Arakelian * “En un bosque de la China, una china se perdió, y como yo andaba perdido nos encontramos los dos…” El anunciado y casual encuentro con la  jovencita de ojos rasgados, como narra la letra original de esa vieja canción, tiene su versión moderna y no se desarrolla en un bosque sino que, menos romántica y nada casual, su escenario es la enormidad marítima de la zona austral del Océano Atlántico. Allí pululan los barcos pesqueros chinos, depredando la fauna y arrojando al mar tripulantes innominados. Cuando la situación lo requiere entran a puerto – el que esté más cercano y no le ponga requisitos engorrosos-  ya sea para aprovisionarse o demandando servicios de reparación y mantenimiento.  Si bien transfieren en altamar buena parte de su captura, ya seleccionada o faenada,   a otros navíos que se encargan de llegar a los puertos  de destino convenidos, el desarrollo de esta industria extractiva necesita ahora, ¡ya!, una infraestructura más amplia y compleja que abarque todas sus etapas. Es decir: algo más cercano y seguro, a cubierto de las inclemencias del mar abierto, para desarrollar este complejo y variado proceso y además, sin las ataduras legales de soberanías locales, es decir: un caladero con puerto seguro y con todas las libertades de altamar.  Uruguay es poseedor de todo eso que necesitan los asiáticos y, por consiguiente, puede adoptar cualquiera de estas posiciones: 1) escuchar ofertas; 2) publicitar y ofrecer incluyendo sus condiciones; 3) pedir, a los posibles interesados, que vengan  sin imponerles condiciones.  El relato conciso que va a continuación pretender dar alguna respuesta a esas posibilidades y cada lector sacará sus conclusiones. En mayo de 2013, José Mujica, a la sazón presidente de Uruguay, visitó China buscando financiación para un puerto en las costas del departamento de Rocha, con una profundidad de aguas que brindaba, de modo natural, un excelente nivel para naves de altísimo calado y una ubicación extraordinaria desde el punto de vista geopolítico. Pero el abandono del emprendimiento extractivo por parte de la minera Aratirí, que conectaría directamente su producción con esa salida al mar, las presiones provenientes, fundamentalmente, del sector empresario de Brasil que quiere un puerto de aguas profundas en su territorio y la resistencia del sector inmobiliario ligado al turismo en esa zona esteña del Uruguay, impidieron llevar adelante el proyecto. En setiembre de 2016, ejerciendo su segundo mandato, el presidente Vázquez visitó Pekín, también buscando inversiones y vinculación con el gobierno y los empresarios chinos. Parecería, por lo que puede comprobarse, que le fue mejor que su antecesor, porque sin apuro y sin pausa, sorteando dificultades (políticas, administrativas, constitucionales, etc.) la penetración china –pese al recato con que actúan- es evidente. Es difícil saber si Uruguay tiene un plan estratégico de desarrollo que incluya su potencial marítimo con todos los factores que en ella intervienen. También es difícil conocer en su totalidad el proyecto de los chinos, pero es fácil presumir que lo tienen y lo están llevando a cabo. Lo primero es lo primero: hacer camino al andar La geología y sus características son causa natural para que el canal del Río de la Plata haya sido siempre favorable para el puerto de Montevideo. La sedimentación fangosa que arrastran las aguas del río Uruguay, con el aporte que le prestan sus afluentes argentinos se depositan sobre la orilla occidental y , entre otras muchas razones, inciden …

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