Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región. Por Maximiliano Reyes Zúñiga(*), especial para NODAL Ser coherentes y consistentes es clave para la política exterior y la diplomacia. Ahora que se celebra en México la negociación entre gobierno y oposición venezolana, vale la pena reflexionar sobre la postura que el Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador asumió y las acciones que nos llevaron a este punto. Desde el inicio de la actual administración, México dejó de participar en el llamado Grupo de Lima, mientras que Argentina se retiró de dicho Grupo con la llegada al poder del presidente Alberto Fernández y Santa Lucía acaba de hacer lo propio recientemente. Además, Perú –país que propuso la creación del grupo y que lleva el nombre de su capital- ahora apunta hacia esta misma dirección. El asunto principal es que dicha agrupación –a la que consideramos que tiene un fuerte sesgo ideológico y por ende termina siendo politizada- era injerencista y, por ende, incompatible con nuestros principios de no-intervención y de libre autodeterminación de los pueblos. En cambio, México ha propiciado una neutralidad proactiva en la cual ha quedado claro que nuestro país está en favor de una solución duradera a la situación en Venezuela que sea producto de un esfuerzo nacional y con acompañamiento internacional solo cuando sea requerido y con la condición de que sea complementario. En esa tónica y, manteniendo la coherencia, creamos con Uruguay y el CARICOM, el Mecanismo de Montevideo que tuvo dos reuniones en febrero y noviembre de 2019 y que buscaba ser un complemento al diálogo nacional. La propia situación interna, más cambios en la configuración regional, alteraron las condiciones originales que dieron vida al mismo, pero a la vez México se mantuvo firme en su postura internacional. De tal modo que nuestra Embajada en Caracas ha mantenido un diálogo constante tanto con el gobierno como con figuras opositoras, además de que brindó protección a dirigentes políticos venezolanos cuando así lo habían requerido, incluyendo a Roberto Marrero y Franco Manuel Casella. Al propio tiempo, siempre nos hemos manifestado en favor de atender la situación humanitaria y en contra de acciones unilaterales o medidas coercitivas que afecten la población civil. Nuestro país también ha denunciado diversas propuestas o iniciativas cuyo fin sea la injerencia, la amenaza o uso de la violencia. Que quede claro: México jamás apoyaría alguna incursión armada o invasión, ni cualquier tipo de acción que detone un conflicto armado. Para citar un ejemplo, denunciamos en la OEA un intento de invocación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), al ser un instrumento diseñado para detener agresiones entre Estados, no para atender situaciones humanitarias. Queda claro que no se puede imponer una solución a una situación compleja, y menos desde el exterior. El hecho de que las negociaciones nacionales venezolanas se hayan reencauzado y que nuestro país sea la sede, es indicador de que nuestra postura ha sido la correcta. Una vez más, la historia nos ha dado la razón al tener una posición atinada de frente a una cambiante configuración política continental que debe privilegiar la no intervención en asuntos internos, la libre autodeterminación de los pueblos, el respeto, protección y promoción de los derechos humanos y la solución pacífica de controversias, tal como lo ha enfatizado el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. (*) Es Subsecretario para América Latina y el Caribe. SRE VOLVER

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