Por Andrés Mora Ramírez* Se cumplen cincuenta años de la publicación de “Las venas abiertas de América Latina”, obra emblemática del periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano, que desde entonces devino en referente político y cultural de varias generaciones de mujeres y hombres de nuestra América. El libro nació para convertirse en un clásico: no sólo por su estilo original y cautivante, que cabalgaba entre el gran reportaje y el ensayo de hondas raíces nuestroamericanas, sino porque Galeano desplegó en su escritura un descomunal ejercicio de dignidad, en el que se propuso “ofrecer una historia del saqueo y a la vez contar cómo funcionan los mecanismos actuales del despojo”. Desfilaban por sus páginas “los conquistadores en las carabelas y, cerca, los tecnócratas en jets, Hernán Cortés y los infantes de marina, los corregidores del reino y las misiones del Fondo Monetario Internacional, los dividendos de los traficantes de esclavos y las ganancias de la General Motors”, pero sin olvidar la justa y necesaria reivindicación de “los héroes derrotados y las revoluciones de nuestros días, las infamias y las esperanzas muertas y resurrectas: los sacrificios fecundos”. Con la aparición de Las venas abiertas de América Latina en 1971, Galeano sumó su voz al coro vigoroso y diverso de los intelectuales y luchadores que marcaron una época en la historia del pensamiento crítico latinoamericano, signado por el horizonte utópico de la liberación de nuestros pueblos. Sólo para mencionar algunos ejemplos, ese mismo año, en La Habana, se publicó Caliban, del filósofo y poeta cubano Roberto Fernández Retamar, que muy pronto se convirtió en pieza fundamental de la ensayística sobre nuestra identidad y cultura; un año antes, en 1970, Pedagogía del oprimido, del educador brasileño Paulo Freire -ya entonces, en el exilio- vio la luz en Montevideo. Y, sucesivamente se sumaron otras obras fundamentales, como Teología de la liberación: perspectivas (1972), del sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, y Hacia una filosofía de la liberación latinoamericana (1973), como compendiaba las tesis de Osvaldo Adelmo Ardiles, Mario Casalla, Horacio Cerruti Guldberg, Carlos Cullen, Enrique Dussel, Rodolfo Kusch, Arturo Andrés Roig, Juan Carlos Scannone, y Julio de Zan, discutidas en el II Congreso Nacional de Filosofia celebrado en Córdoba, Argentina. Es decir, un tiempo de ebullición política e intelectual, en el que, recurriendo a las palabras de Galeano, comprendimos en nuestra región que “los despojados, los humillados, los malditos tienen, ellos sí, en sus manos, la tarea” de la liberación, porque aunque “hay quienes creen que el destino descansa en las rodillas de los dioses (…) la verdad es que trabaja, como un desafío candente, sobre las conciencias de los hombres”. En esa fragua fue forjado Las venas abiertas de América Latina. Libro indomeñable desde su origen, lo quisieron hacer morir con cada nueva derrota popular, con cada nueva traición que sufrían nuestros países en esa camino pedregoso de la búsqueda del desarrollo subdesarrollante; pero renació, terco e impenitente, cada vez que los pueblos se levantaron para sacudirse yugos y cadenas. Tres escribientes de las derechas vernáculas, apoyados por las usinas mediáticas y editoriales de Miami, Bogotá, Buenos Aires y Madrid, quisieron hacer de su Manual del perfecto idiota latinoamericano la antítesis del texto de Galeano; pero he aquí que sobrevivió, capeó el temporal de la orgía de los neoliberales finiseculares, y se puso nuevamente a andar por los entresijos de las luchas y resistencias del siglo XXI. Una cita suya, oportuna y precisa, nos advertía del peligro recurrente del convite del ALCA al que nos invitaban los panamericanistas estadounidenses en la Cumbre de Mar del Plata; un pasaje de sus páginas nos traía al presente …

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