María Lucrecia Sutuy Boc, de 83 años, llegó a vacunarse al Salón Jocoteco, de San Juan Sacatepéquez. (Foto Prensa Libre: Esbin García) Fotograf’a Esbin Garcia 11-05-21 Aunque casi la mitad de la población en Guatemala es indígena, los esfuerzos de vacunación contra el covid-19 se han concentrado en personas ladinas y que viven en las áreas urbanas, mostrando cómo la vacunación ha sido desigual en estos casi cuatro meses de haber iniciado el plan nacional de inmunización. La falta de campañas de comunicación con pertinencia cultural, de centros de vacunación en el área rural y el poco acceso al registro de vacunación, hace fácil de creer que la mayoría de población vacunada es ladina en Guatemala, un país donde el 43.8 por ciento de la población a nivel nacional es indígena. Según datos del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), el 85.5 por ciento de las personas vacunadas hasta el 31 de mayo hablaban español y el 14.4 por ciento se identificaba con una comunidad lingüística indígena. De ellos, quienes hablan k’iche’ (3.6), kaqchikel (2.7) y mam (1.7) son los que más acceso a las vacunas han tenido. Aunque estos datos solo resaltan el idioma de quienes se han vacunado, Laboratorio de Datos resalta que son los departamentos de Sololá, Alta Verapaz y Totonicapán los que tienen más rezago en la vacunación. Plan de vacunación excluyente La falta de acceso a las vacunas a todas las poblaciones que habitan en el territorio guatemalteco se puede ver desde el registro para la vacunación que se puede hacer únicamente en línea y en un formato que es únicamente en español. Sofía Montenegro, de Diálogos, menciona que el MSPAS no hizo un esfuerzo para registrar debidamente a quienes se están vacunando ya que en el registro no tomaron en cuenta la identificación étnica de la persona al preguntar únicamente el idioma en el que habla. A partir de esto, la población indígena que ha tenido acceso a las vacunas podría ser menos que el 15 por ciento. “Este error no nos permite ver qué tanto se están vacunado a las personas con pertenencia indígena. Hay un sesgo bastante fuerte de lo urbano”, menciona. Angelina Aspuac, lidereza indígena y miembro del Movimiento Nacional de Tejedoras resalta el poco acceso a información que han tenido las personas del área rural y los pocos esfuerzos del ministerio de Salud al no llegar a las comunidades lejanas. “Las comunidades alejadas, los parajes, caseríos y aldeas donde no hay acceso a vehículo, tampoco tienen acceso a vacunas. El Estado no está trabajando para toda la población”, explica. La falta de una comunicación efectiva hace más difícil que en la provincia los mensajes lleguen y los adultos mayores entiendan la importancia de las medidas sanitarias y la vacunación. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL) Aspuac menciona que su trabajo se centra en comunidades de mujeres en Sacatepéquez y aunque son lugares cercanos a la capital, la información no les está llegando. Para Sonia Gutiérrez, diputada por el partido Winaq, esto no tiene otra explicación más allá del racismo ya que desde el inicio del plan se pidió que se hiciera con pertinencia cultural y en idiomas mayas. “Lo que se refleja acá es el racismo del Estado porque el tema de los pueblos indígenas lo dejan de último, no lo tienen focalizado y tampoco hay voluntad que genere herramientas para la atención de estas comunidades”, indica. Gutiérrez agregó que se debe priorizar con urgencia una campaña de comunicación que sea más allá de las redes sociales. “Además de utilizar los medios alternativos o radios comunitarias, el ministerio …

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