Por Guillermo Oglietti * y Teresa Morales ** Nada contribuye más a explicar la delgadez del bolsillo familiar que los precios. Todas las iniciativas políticas diseñadas para mejorar la vida de los trabajadores –aumentos salariales, logros sindicales, subsidios a las familias y otros esfuerzos redistributivos–, caen derrotadas ante la fuerza de las remarcaciones. Sin embargo, sabemos muy poco de los precios. Apenas intuimos cómo se forman, no existe información abundante y transparente sobre los precios reales a los que se comercian los bienes y las comparaciones internacionales de precios son muy prácticamente inexistentes. Este déficit de información explica la vigencia de disparatadas ideas sobre la inflación, que sobreviven meramente en virtud de la dificultad para contrastarlas con la realidad. También explica la dificultad para diseñar políticas apropiadas para enfrentar el problema de los precios que tanto afecta las economías latinoamericanas. No parece casual que, en el sistema capitalista, tan motivado por una ganancia que pivota sobre los precios, sepamos tan poco de ellos. En este trabajo, el laboratorio de precios del CELAG –cuyo propósito es elaborar información y análisis sobre precios internacionales comparados–, hacemos este primer aporte a la comprensión de los precios regionales basado en los precios de dos servicios (internet y pasaje de bus urbano) y cinco bienes (pollo, carne vacuna molida, carne de lomo vacuno, Coca-cola y tableros de MDF1), aportando información de los niveles de precios de 11 países latinoamericanos, EE. UU. y España. Principales hallazgos Sorprende la gran dispersión observada de los precios en los países latinoamericanos a pesar de que se trata de bienes y servicios homogéneos. Dependiendo del producto, el precio más alto supera al más bajo entre 2 y 6 veces (gráfico 1). El internet familiar en Panamá cuesta 5 veces más que en Paraguay. El pasaje de bus en Argentina cuesta aproximadamente un quinto de lo que cuesta en Brasil o Chile. Un pollo en Montevideo cuesta casi el doble que en Quito. Un tablero de MDF en Argentina cuesta el doble que en Colombia. La carne molida en Chile duplica los precios del Perú (anexo). La dispersión de precios es mayor a la esperada y no parece explicada por las diferencias tributarias ni por los costos de transporte. ¿Acaso el comercio internacional no contribuye a igualar los precios internos? Hay más dispersión en los precios que en los salarios. La diferencia entre los salarios más altos y los más bajos es de aproximadamente la mitad que la dispersión de precios. ¿Si la competencia internacional tiende a igualar los precios por el comercio, la diferencia de precios no debería ser menor a la diferencia de salarios en lugar de ser al revés? Los productos homogéneos con mercados oligopólicos tienen menos dispersión de precios. ¿Acaso las corporaciones tienen una política deliberada de igualar precios internacionales sin importar las diferencias salariales existentes? ¿Tendrán beneficios normales? Sobresale la heterogeneidad de precios en un servicio tan homogéneo como el servicio del internet familiar, aunque todos los países latinoamericanos comparten el hecho de tener precios más altos que en EE. UU. ¿Se deberá a que Claro y Telefónica apenas si están en EE. UU.? ¿El tamaño del mercado importa? El precio del transporte público también muestra gran heterogeneidad y destacan Brasil y Chile con precios mucho mayores a los del conjunto latinoamericano. ¿Les puede llamar la atención que las protestas destituyentes contra Dilma en Brasil y las protestas al Chile de Piñera hayan pivotado sobre el precio del transporte? Los precios observados de nuestra pequeña canasta de bienes muestran que, medidos en dólares, los precios latinoamericanos resultan más bajos que …

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