Discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador en el 238 Aniversario del Natalicio de Simón Bolívar, desde el Castillo de Chapultepec Respetables cancilleres y representantes de países hermanos de nuestra América: Agradezco la presencia de Isabel Allende, gran escritora chilena que nos acompaña en este acto para homenajear al Libertador Simón Bolívar, recrear su proyecto de unidad entre los pueblos de América Latina y el Caribe, y apoyarnos en la historia para enfrentar mejor el presente y el porvenir. Amigas y amigos todos, Nacido en 1783, exactamente 30 años después que Miguel Hidalgo, Simón Bolívar decidió desde muy joven luchar por causas grandes, nobles y justas. Como el propio Hidalgo y como José María Morelos y Pavón, los padres de nuestra patria, el libertador Bolívar reunía virtudes excepcionales. Simón Bolívar es un vivo ejemplo de cómo una buena formación humanista puede sobreponerse a la indiferencia o a la comodidad de quienes provienen de cuna fina. Bolívar pertenecía a una familia acomodada, de hacendados, pero desde niño fue educado por Simón Rodríguez, un pedagogo y reformador social que lo acompañó en su formación hasta que alcanzó un elevado grado de madurez intelectual y de conciencia. En 1805, con apenas 22 años, en el Monte Sacro de Roma “jura en presencia de su maestro y tocayo no dar descanso a su brazo ni reposo a su alma hasta que haya logrado libertar al mundo hispanoamericano de la tutela española”. Al igual que su padre, tenía vocación militar, pero al mismo tiempo era un hombre ilustrado y como solía decirse, de mundo, pues viajó mucho por Europa; vivió o visitó España, Francia, Italia, Inglaterra; hablaba francés, sabía de matemáticas, de historia, de literatura, pero no sólo era un hombre de pensamiento era también un hombre de acción. Conocía el arte de la guerra y era al mismo tiempo un político con vocación y voluntad transformadora: sabía de la importancia del discurso, de la fuerza de las ideas, de la eficacia de las proclamas y era consciente de la gran utilidad del periodismo y la imprenta como instrumentos de lucha. Conocía el efecto que causaba la promulgación de leyes en beneficio del pueblo y, sobre todo, valoraba la importancia de no rendirse, de la perseverancia y de no perder nunca la fe en el triunfo de la causa por la que se lucha en bien de los demás. En 1811, Bolívar se incorpora al ejército anticolonialista, bajo las órdenes de Francisco de Miranda, precursor del Movimiento Independentista. Poco después, ante titubeos de este militar, Bolívar toma el mando de las tropas y en 1813 inicia la liberación de Venezuela; poco antes, como escribe Manuel Pérez Vila, uno de sus biógrafos, los pueblos lo empezaron a llamar Libertador, “título que le confieren solemnemente, en octubre de 1813, la municipalidad y el pueblo de Caracas, y con el cual habría de pasar a la historia”. En su lucha incansable por los caminos y los mares de América se entrelazan triunfos y derrotas; su campaña militar lo lleva a refugiarse en Jamaica y en Haití; de este pueblo, de Haití, y de su gobierno recibe en dos ocasiones apoyo para sus campañas, algo verdaderamente excepcional y un ejemplo de solidaridad y hermandad latinoamericana. En 1819 entra triunfante a Bogotá y poco después se expide la Ley Fundamental de la República de Colombia. Este gran estado, la gran Colombia, creación del Libertador, comprendía las actuales repúblicas de Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá. No todo fue fácil en su lucha: perdió batallas, enfrentó traiciones y, como en todo movimiento transformador o revolucionario, aparecieron las divisiones internas que pueden …

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