Por Viviana Erazo y Ana Acosta Las investigaciones en torno a la evasión de impuestos cobran aún más fuerza en el marco de la emergencia sanitaria por la Covid-19 debido a qué la pandemia hizo más fuerte la desigualdad social que desencadena en pobreza y pobreza extrema,   a la que contribuye, en parte, que los que más dinero tienen no aporten o eviten pagar los tributos reglamentarios. En Ecuador, la crisis económica y social profundizada por la expansión de la Covid 19 evidenció problemas estructurales a escala estatal que repercutieron en los sistemas de salud provocando su colapso y por lo tanto cobrando la vida de miles de personas en todo el país 35, 581 hasta el momento, según datos del Observatorio Social del Ecuador. Este escenario estuvo acompañado con casos de corrupción en la venta de medicamentos y en las  vacunas “VIP”   en los peores momentos de la pandemia. Anahi Macaroff, en su texto Combatir el COVID-19 no alcanza. Políticas fiscales para una reactivación económica que reduzca la desigualdad,  detalla cómo la pandemia ha dejado a tres de cada cuatro personas en condición de pobreza o vulnerabilidad, mientras que las personas con mayores ingresos acapararon mayor riqueza. El Boletín Sobre Pobreza del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, INEC, de diciembre de 2021 detalla que la pobreza por ingresos a escala  nacional se ubicó en 27, 7% de la población, con un ingreso mensual de 85, 60 dólares y la extrema pobreza por ingresos en 10, 5%, que percibe mensualmente 48, 24 dólares. Lo que significa que el 38% de la población del Ecuador vive en pobreza y en pobreza extrema, y vive con menos de 2, 85 dólares diarios. Esto se agravó aún más con la pandemia. Jonathan Baez, en la investigación denominada, Los “ganadores” de la pandemia en Ecuador, explica que tras la pandemia de la COVID-19, el 10% más pobre de los ecuatorianos perdió el 35% de sus ingresos, mientras que el 2% más rico los incrementó. Según el Servicio de Rentas Internas (SRI) las fortunas en conjunto de 303 grupos aumentaron de 128 mil millones a más de 131 mil millones entre 2019 y 2020, un crecimiento del 2%. Al igual que sus patrimonios se incrementaron en más de 1 000 millones. Los primeros lugares de esta lista los ocupan: Banco del Pichincha, Corporación Favorita, Almacenes Juan El Juri y Banco de Guayaquil, entre otros. Baez explica que estos grupos económicos no son realmente “ganadores” de la pandemia por haber realizado de forma óptima sus actividades comerciales, sino que su crecimiento económico se debe a que la balanza del juego tributario se inclina hacia su lado “todas las leyes están articuladas para que los grupos de poder no solo no sientan el impacto de una crisis financiera, sino para que salgan favorecidos de ella”. Tales condiciones de desigualdad solamente podrán ser revertidas a través de impuestos directos a grandes contribuyentes. En su texto Anahí Macaroff habla de cómo en un contexto de crisis, como el provocado por la pandemia de la Covid-19,   es necesario apuntar a una reforma tributaria y un sistema fiscal que reduzca la desigualdad. Esto no representa únicamente un tema de justicia social, sino también una estrategia económica para la reactivación de la economía.  Ya que destaca cómo las personas en estado de pobreza o vulnerabilidad destinan todos sus ingresos a satisfacer sus necesidades básicas, con lo cual esos recursos se reinvierten en el consumo interno. Lo mismo ocurre con las clases medias que con un ingreso promedio de 1050 de dólares destinan prácticamente todos sus recursos en bienes …

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