Mujeres indígenas, fuerza resiliente contra el virus “Desde el primero de enero de 2020 no he visto a mi papá, no lo he abrazado, no he estado con él. Ahora que permitieron las visitas solo puede llegar un adulto y yo no soy una adulta, no puedo visitarlo. Por eso comencé a hacer videos; porque da indignación, enojo, que uno no pueda estar con sus seres queridos”. Quien habla es Ni’kte’ Ixchuúmil Saquijix Caal Matzir, una niña maya de 14 años, cuyo padre, Bernardo Caal Xol, un ambientalista que se opone a la construcción de un complejo hidroeléctrico en Alta Verapaz, Guatemala, fue encarcelado el 30 de enero de 2018 y condenado a siete años y cuatro meses de prisión el 9 de noviembre. Lo acusaron de detenciones ilegales de trabajadores de una de las empresas constructoras y de robo agravado de herramientas, pero diversas organizaciones defensoras de derechos humanos sostienen que la sentencia es injusta y criminaliza al líder por abogar por las causas del pueblo indígena q’eqchi’. Ella es estudiante de tercero básico en el Centro Educativo Bilingüe Intercultural K’astajib’äl de Chimaltenango y, debido a la pandemia, de lunes a viernes, entre las 8 y las 11 de la mañana, recibe clases virtuales. Después, hace las tareas, juega con sus mascotas —un perro llamado Max y una tortuga sin nombre— y cuida las rosas y las hierbas del jardín, donde también hay limonar y naranjo. Pero a diferencia de otros niños de su edad tiene una indignación acumulada que ha canalizado en cartas que le envía a su papá y en videos en que reclama la libertad del líder ambientalista y la de otros presos políticos. También denuncia la discriminación contra las niñas en su país y exige que cese la corrupción, entre otras injusticias, una tarea en la que piensa continuar incluso cuando él sea liberado. Su voz se levanta a la par que la de otras lideresas indígenas de Latinoamérica y el Caribe para defender causas comunitarias: proteger el territorio, combatir el cambio climático, derribar la discriminación de género, denunciar la injusticia o acabar la corrupción. Aunque los contextos sean distintos, las suyas son luchas compartidas en pro del “buen vivir”, un principio arraigado en los pueblos originarios, que entiende el bienestar como la armonía entre lo individual (con uno mismo), lo social (con los otros) y lo ecológico (con el entorno natural). Ni’kte’ publica los videos en el Facebook de su padre, donde hay por lo menos cinco en los que da muestras de su activismo en pro de los derechos humanos y, sobre todo, insiste en el pedido de libertad para Bernardo y en que se restablezca su derecho de niña a crecer a su lado. Quien la graba es su hermana, Chahim Yaretizi Ketzalí, de 12 años. Antes de mirar a la cámara y comenzar su reclamo anota las ideas principales, apoyada por Isabel, su mamá. El discurso es fluido y la voz suena firme, una habilidad que su padre le enseñó de niña y que pudo perfeccionar en el colegio al participar en un concurso de oratoria. El primer video que publicó en Facebook lo grabó el 11 de octubre, con ocasión del Día Internacional de la Niña. Además de denunciar la desigualdad, la violencia, la exclusión y otros sufrimientos de las menores en su país, expresaba: “El Estado de Guatemala ha violado mi derecho que tengo como niña de convivir con mi padre…”. Su voz —convertida en un reclamo político— hace eco en cientos de mujeres indígenas como Nemonte Nenquimo, Ketty Marcelo, Leydy Pech, Tarcila Rivera o Alessandra Korap que, …

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here