Esta arquitecta estadounidense que ha renovado el High Line de Nueva York -el exitoso paseo elevado sobre un tramo de ferrocarril abandonado que solía cruzar el barrio de Chelsea- y que ha diseñado recientemente el impresionante centro cultural The Shed, en Hudson Yards, brindó una entrevista a Télam durante una recorrida en el MOMA exclusiva para la prensa, en la que se presentaron los cambios en el museo. La expansión de uno de los templos de arte más prestigiosos del mundo, que recibe tres millones de visitantes cada año, incluye la incorporación del edificio contiguo, una fusión que representa 30 por ciento más de espacio, y que permite exhibir un total de 2.500 obras de arte (mil más que antes) además de añade muchas más rutas de circulación para acceder a la colección. Los sutiles cambios en la paleta de colores de los pisos, que podrían resultar imperceptibles, son los señaladores del transcurrir entre el antiguo edificio y las nuevas galerías, demarcadas también por anchos portales de acero ennegrecidos, una de las claves del nuevo MoMA, que demandó 50 millones de dólares en la renovación y 400 millones en la expansión y construcción. «Se siente como si (el nuevo anexo) siempre hubiera estado aquí. Es un milagro de la ingeniería. Liz sabe exactamente cuándo cortar y cuándo dejar las cosas», la elogió, sonriente, el director del museo, Glenn D. Lowry, ante periodistas de todo el mundo. El espíritu del nuevo MOMA es seguir exhibiendo sus obras maestras -los «Nenúfares» de Monet, o «La noche estrellada» de Van Gogh- pero también incorporar por primera vez obras guardadas en la reserva, como las heliografías de León Ferrari, las fotografías de Horacio Cóppola o los dibujos de Mirtha Dermisache, entre muchas otras. Si bien el museo fue fundado en 1929, no fue hasta 1939 que se emplazó en su ubicación actual, donde tuvo remodelaciones en 1964 (a cargo de Philip Johnson), en 1984 a cargo del argentino César Pelli; en 2004, una extensión realizada por Yoshio Taniguchi y la última, de Diller Scofidio + Renfro en colaboración con Gensler, que comenzó formalmente en el año 2014 y cuyos resultados podrá conocer todo el público el próximo 21 de octubre. «Hay tanta historia aquí. Tuvimos que profundizar en todas las lógicas de los diferentes edificios a lo largo del tiempo, y también observar lo que el museo necesitaba, según las nuevas circunstancias que emergieron del nuevo bloque anexado. Orquestar todo esto fue realmente un desafío», explicó Diller. Y agregó sonriendo: «En lo personal, vengo aquí desde que era niña, así que fue casi como hacer arreglos en mi propia casa». La bienvenida a los visitantes será en la renovada planta baja, abierta a todos, gratuita, un espacio de doble altura, repleto de luz, con una vista ininterrumpida de la calle 53 a las 54, es decir, de las dos entradas del MOMA, un modo de conectar el edificio con la …

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