«Divino tesoro» es el libro que reúne los cuentos ganadores de la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires 2019 y despliega, desde diversos géneros como el melodrama, el fantástico, el romance o el policial, universos, perspectivas y desafíos de autores de entre 18 y 32 años de distintos puntos del país. Los quince relatos fueron seleccionados por un jurado compuesto por los cuentistas Vera Giaconi y Federico Falco y los editores de Mardulce Damián Tabarovsky y María Zorraquín, que los eligieron entre cientos de ficciones que se presentaron para participar del concurso enmarcado en la Bienal. En diálogo con Télam, Zorraquín, una de las editoras de Mardulce, explicó que leyeron alrededor de 300 cuentos, que la selección fue en tres etapas: una preliminar donde cada jurado debía decidir cuáles clasificaban; una segunda, en la que evaluaban con un puntaje determinado y según una serie de categorías; y una tercera en la que eligieron quince cuentos entre los que habían obtenido el mayor puntaje. «Fue súper intenso, tuvimos que leer mucho y además un cuento nunca se puede descartar por un par de palabras porque necesitás leerlo completo para saber qué se intentó. Llegaron muchos textos, todos muy diferentes, así que costó mucho definir los quince», detalló Giaconi. Al momento de elegir, Zorraquín dijo que fueron conformando un corpus con los que consideraban «inteligentes, bien escritos, con una estructura sólida» y agregó que «el criterio para evaluar y decidir fue editorial», ya que eligieron los cuentos que consideraron que «estaban en resonancia con la línea estética y el catálogo de Mardulce». Entre los seleccionados, hay autores de la Ciudad de Buenos Aires (Manuel Adrián Lee, Tali Goldman); de Entre Ríos (Paula Galansky); de Córdoba (Agustín Ducanto, Vicky García, Nicolas Teté); de Tucumán (Gianina Covezzi); de La Pampa (Julieta Blanco); de la provincia de Buenos Aires (Chapi Barresi, Valentino Cappelloni) y de Mendoza (Raúl Andrés Cuello). Al momento de pensar en características compartidas, Zorraquín advierte que es una antología de voces heterogéneas, muy singulares pero hay «cierto estado de desconcierto ante la vida que se abre en todas sus posibilidades y dificultades» que los asemeja. Para la editora, ese desconcierto aparece «como inquietud ante la necesidad de ganarse la vida de un chico que trabaja vendiendo departamentos y pinta grafitis en las paredes en ´Depto´ de Manuel Cantón; en la extrañeza de una joven esposa que intenta integrarse a la familia coreana de su marido en ´Suegra´ de Manuel Adrián Lee; en la perplejidad del inicio sexual en ´Angelito´ de Gianina Covezzi y ´Dr.Venturini´ de Tali Goldman; con humor en la historia de un falso sobreviviente de Auschwitz en ´El espacio vacío del plato´ de Paula Galansy, o como absurdo en ´Cada vez que me enamoro prendo fuego un auto´ de Chapi Barresi». Giaconi, también editora y docente, explicó que las historias que integran la antología comparten «una exploración sobre los vínculos familiares, con mucho lugar para el …

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