El primer número de C&P, tras «independizarse» de El Porteño. Foto: Archivo Histórico de Revistas Argentinas. Cerdos y Peces nació como un suplemento de la revista El Porteño, pero para abril de 1984 se independizó. Salió a los quioscos con portada propia desde donde un punk argentino miraba amenazante y los títulos gritaban “Drogas, venenos para volar”; “Matadero Borda”; “Sección gay”, entre otras arengas, apenas a tres meses de que la sociedad argentina superara a la peor dictadura de su historia.Corría la primavera alfonsinista y, con ella, la ilusión de una democracia que alcanzaba para hermanar casi todo lo no-castrense en torno de felices excesos.Los autores de las notas e ilustraciones de aquel número inaugural –Eduardo Berti, Marcelo Fernández Bitar, Carina Ponieman, Jorge Gumier Maier, Rocambole, Raúl Perrone, Erika Kirchner, Sanyú, Martín Kovenski, Eduardo Blaustein, Gabriel Levinas, Alfredo Rosso, Indio Solari– son prueba de un semillero que dio frutos.Pero la heterogeneidad de aquellas voces y estilos sin freno no pudo haber prosperado sin la impronta de Enrique Symns, su histórico director, épico monologuista de los Redondos, autor de novelas, biografías e investigaciones varias, cultor del “estilo gonzo” que lo había impactado en Europa y, ante todo, un devoto del vértigo.El semilleroLa Cerdos fue pionera en muchos aspectos; no tan solo por los autores –tras el primer número se sumarían, por ejemplo, María Moreno, Néstor Perlongher, Vera Land, Tom Lupo, Ricardo Ragendorfer, Osvaldo Baigorria, Daniel Molina, Maitena, Damián Tabarosky, – y los entrevistados –Eugenio Zaffaroni, Joe Stefanolo, Rodolfo Fogwill, Luca Prodan entre otros– sino por los temas que obsesivamente mandaba a tapa: Drogas, sexo, marginalidad y, en particular, una filosa, desaforada burla a las instituciones, a la decencia, a todo orden. A partir del número 13, llevó una bajada que subrayaba su malditismo: “La revista de este sitio inmundo”. Así exaltaba, por si hiciera falta, la naturaleza de sus contenidos extremos y una pasión editorial por lo innombrable.Marginales, adictos, locos, caídos del sistema, solitarios, desesperados: el mundo de Bukowski, Tom Waits, Rimbaud, Baudelaire, pero con burla y voluntad de escándalo: esa era la galaxia Cerdos. Quizás por la misma razón, al correo de lectores llegaban cartas de presos, prostitutas, buscavidas, personas comunes pero desbordadas y, de algún modo, almas frágiles, refulgentes, como los personajes que le interesaban al medio. Esa fauna, a su vez, nutría notas de opinión, entrevistas e investigaciones.La inmoralidad al paloLa dinámica de la revista era tan impredecible como sus objetivos periodísticos. “Para hablar de las notas –comenta Lucio Fernández Moores, uno de los pioneros de C&P– nos encontrábamos con Symns en un bar frente al entonces diario Sur, en Bartolomé Mitre entre Maipú y Esmeralda, o por ahí… Alguna vez fui a un departamento de un edificio abandonado y ocupado donde él vivía en un piso 10, por escalera, frente a Parque Lezama. Creo que el edificio ya fue demolido y que él vivía allí con Vera Land, encargada de la revista cuando uno no encontraba a Enrique. No había teléfonos celulares ni laptops, claro; mis textos …

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