Los perros atacaron su campo y perdió casi todas sus ovejas
“Lloré, grité, me enojé, me frustré”. Así recuerda Marcelo Fraymuth, un productor ovino de San José, Misiones, lo que sintió cuando encontró gran parte de sus ovejas muertas después de...
“Lloré, grité, me enojé, me frustré”. Así recuerda Marcelo Fraymuth, un productor ovino de San José, Misiones, lo que sintió cuando encontró gran parte de sus ovejas muertas después de un ataque de perros. En las últimas semanas contabilizó 22 animales muertos en distintos episodios, aunque teme que sean más. Por ahora, solo pudo encontrar nueve con vida. Junto con su hermano lleva años trabajando en una pequeña cabaña dedicada a la cría y el mejoramiento de razas ovinas.
Los ataques de perros y pumas son un problema que se repite en los campos del sur de Misiones, según advirtió José Sadaniowski, presidente de la Mesa de Gestión de la Cuenca Ovina Zona Sur, quien aseguró representar a unos 700 productores. Él también perdió animales y contó que muchos vecinos están pasando por situaciones parecidas. Por eso, reclaman que se tomen medidas para evitar nuevos ataques.
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El caso de Fraymuth se conoció después de que la Policía provincial informara sobre la muerte de 17 ovejas en un campo del paraje La Sierrita. Según el parte policial, los animales tenían mordeduras en la nuca y tres perros habían sido vistos cerca del lugar. Los vecinos señalaron que serían callejeros.
El productor registró en un video las consecuencias del ataque de perros que provocó la muerte de numerosas ovejas en su establecimiento de San José, MisionesPero la cantidad de animales muertos fue mayor que la informada inicialmente. “17 ovejas fueron ese día que encontramos muertas, pero en total ya son 22 las muertas”, contó Fraymuth a LA NACION. Las pérdidas ocurrieron en distintos momentos. Uno de los primeros animales encontrados sin vida tenía heridas que el productor atribuyó a un puma. Después del ataque más grave, recorrió el campo durante los días siguientes y encontró otras ovejas muertas.
Todavía hay animales que no pudo encontrar. “Ahora vivas tengo nueve. El resto de las ovejas no sabemos si están vivas, si están muertas, porque es tanto el miedo que tienen que se vuelven a hacer ariscas y se van al monte”, explicó. Incluso dejó de llevar al campo a su perra Border Collie, que utiliza para trabajar con la majada. “Yo llevo la perra al campo y las ovejas quedan asustadísimas y empiezan a correr por todos lados”, relató.
Fraymuth y su hermano comenzaron a criar ovejas en un campo que heredaron de su madre. Allí tienen la cabaña Anamá, un pequeño emprendimiento donde trabajan con cruzamientos de razas carniceras, principalmente Dorper, Santa Inés y Texel. También se dedican a la producción de carbón y a la apicultura. Para Fraymuth, las consecuencias de estos ataques van mucho más allá de quedarse sin animales. “La pérdida que nosotros tuvimos económica y la del tiempo y el trabajo que estamos manejando para conseguir las razas y los cruces que estamos haciendo, nadie me devuelve eso”, dijo.
Cuando encontró los primeros animales, comenzó a grabar un video para compartirlo con un grupo de colonos de la zona. Al principio vio tres ovejas muertas, pero después descubrió muchas más. “Empezamos a caminar más y empezamos a encontrar más muertas, lastimadas, y las lastimadas no se pudieron recuperar. Esos animales tenés que sacrificar porque están sufriendo”, relató.
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“Está todo perdido, no solamente la plata, el tiempo”, expresó. Y agregó: “El tiempo que uno invierte, el tiempo que uno tiene porque llueva, haga frío, haga calor, caiga granizo, nieve, tenés que estar en el campo. Y eso nadie ve”.
Fraymuth hizo las denuncias correspondientes y la Policía Rural fue al establecimiento, tomó fotografías y constató las muertes. Sin embargo, hasta ahora no recibió una solución. “Nadie se hace cargo”, sostuvo. Uno de los problemas es que resulta difícil identificar a los dueños de los perros y determinar quién debe responder por los daños. En otros campos de la zona también hubo pérdidas importantes. Según Fraymuth, en Cerro Azul, a unos 30 kilómetros de su establecimiento, murieron otras diez ovejas. En Fachinal se habrían perdido alrededor de 20 animales, mientras que la cabaña La Armonía sufrió ataques de pumas contra ejemplares Dorper puros. Varios de estos hechos ocurrieron en menos de dos meses.
Sadaniowski también conoce de cerca este problema. Comenzó a criar ovejas en 2016 y llegó a tener más de 100, pero ahora le quedan poco más de 40. Calcula que perdió alrededor de 60 por ataques de perros y pumas. Además, sufrió robos, que logró reducir después de instalar cámaras de seguridad.
Para el dirigente, una de las mayores dificultades es que muchos perros tienen dueño, pero andan sueltos y entran a los campos. “No son perros salvajes, son perros que sin control que tienen la gente, perros que salen a caminar nomás y hacen daño. El problema es identificar de quién son los perros”, explicó a LA NACION.
Lo que más le preocupa a Sadaniowski es que los perros pueden matar muchas ovejas en un mismo ataque, mientras que los pumas suelen matar uno o dos animales para alimentarse. Según explicó, los perros pueden seguir atacando hasta afectar a toda la majada.
Las pérdidas también lo hicieron dudar sobre si volverá a comprar animales. “¿Para qué vamos a comprar más ovejas? ¿Para que los perros sigan matando?”, respondió cuando se le preguntó si pensaba recuperar su majada.
Aunque también tiene vacas, aseguró que quiere seguir con las ovejas. “Me gusta el animal, me gusta criar las ovejas”, dijo. Sin embargo, espera que las autoridades tomen medidas para que los ataques no continúen. Por su parte, la Policía informó que, tras consultar con el Juzgado de Paz por el caso de Fraymuth, se dispuso elevar las actuaciones para que se determinen las medidas correspondientes.