Los nadadores, una sugestiva distopía sin héroes ni efectos especiales
Los nadadores (Argentina/2026). Dirección y guion: Sol Iglesias SK. Fotografía: Sofía Lizzoli. Edición: Florencia Gómez García. Elenco: Joaquín Fretes, Tobías Reizes, Valentina D’Emilio, ...
Los nadadores (Argentina/2026). Dirección y guion: Sol Iglesias SK. Fotografía: Sofía Lizzoli. Edición: Florencia Gómez García. Elenco: Joaquín Fretes, Tobías Reizes, Valentina D’Emilio, Sol Iglesias SK y Iván Ursul. Duración: 76 minutos. Calificación: R-13 (Restringida). Nuestra opinión: buena.
3 stars
No hacen falta ciudades arrasadas, multitudes huyendo y grandes efectos especiales para contar el fin del mundo. Los nadadores, la ópera prima de Sol Iglesias SK, lo narra a su manera: le alcanzan unas piscinas abandonadas, cuatro jóvenes que las usan sin pedir permiso, un sol que parece no ponerse nunca y la sensación constante de que ya es demasiado tarde para hacer algo.
La película imagina el Apocalipsis no ya como gran espectáculo -el mandato para las superproducciones de Hollywood-, sino como estado de ánimo: una catástrofe en fade atravesada por el aburrimiento y la indiferencia.
La historia arranca en “el día 368 del verano”, y el panorama no es bueno: hace tres días que no anochece, la temperatura ronda los 50 grados, los cortes de electricidad son habituales y buena parte de la población ha abandonado la ciudad.
Victoria (Valentina D’Emilio), Maqueta (Tobías Reizes), El Rubio (Joaquín Fretes) y Ella (la propia Sol Iglesias SK) inventan una forma provisional de combatir el calor: entran en casas vacías y se refrescan en sus piletas.
La premisa remite inevitablemente a El nadador, el célebre cuento de John Cheever que Frank Perry llevó al cine en 1968 con Burt Lancaster como protagonista. La propia directora ha reconocido entre sus referencias a esa película y a La ciénaga, de Lucrecia Martel. Pero si en La ciénaga la tensión provenía de algo que parecía estar a punto de derrumbarse, de un peligro latente, aquí el derrumbe ya ha ocurrido y los personajes simplemente continúan sobreviviendo como pueden en ese contexto.
Iglesias acierta al resistirse a explicar demasiado. No hay discursos sobre el calentamiento global (aunque la experiencia física de los protagonistas permite asociar lo que sucede con la crisis climática) ni aclaraciones sobre cómo se llegó hasta ese punto. Sí vemos aviones que cruzan el cielo, casas abandonadas, bebidas que ya no pueden enfriarse, cuerpos quemados por el sol y el agua transformada en una necesidad elemental. La sugestión domina todo el relato.
Tanto la fotografía de Sofía Lizzoli -que se va volviendo progresivamente más alucinatoria- como el uso de encuadres muy cerrados -que mapean minuciosamente los cuerpos y generan una sensación de cercanía e intimidad- y el notable diseño sonoro -otro aspecto que recuerda a Martel, una cineasta siempre meticulosa e imaginativa en ese terreno- contribuyen al armado de una atmósfera narcótica.
Es que Los nadadores renuncia deliberadamente a una progresión dramática convencional. Sus protagonistas caminan, beben, fuman, conversan, se bañan, entran en propiedades ajenas y vuelven a desplazarse, sumergidos en una rutina por demás monótona.
El relato parece derretirse bajo el mismo calor que padecen los personajes, que están muy lejos de transformarse en héroes -como es tan habitual en las distopías- y prefieren entregarse a la apatía. No quieren salvar al mundo porque han asumido que el mundo ya no tiene salvación.
Nacida en 2001 -un año que en la Argentina tuvo indiscutiblemente el tono sombrío de la debacle-, Iglesias se formó en la Universidad del Cine, hizo la película junto al colectivo Los Nadadores Cine, surgido entre compañeros de la carrera que comenzaron rodando cortometrajes de muy bajo presupuesto, y se animó en su debut como realizadora a probar una variedad de recursos, a confiar en intuiciones que algunas veces quizás tuvieron más potencial que desarrollo. Pero en la película se puede reconocer una voz, lo que no es poco.