Generales Escuchar artículo

Los inadaptados: un film nacido del desprecio que sirvió como telón para el trágico final de sus protagonistas

Es poco probable que exista un rodaje más desgraciado en la historia de Hollywood que el de Los inadaptados (The Misfits, 1961, disponible en Prime Video). Su estreno fue, no intencionalmente, un ...

Es poco probable que exista un rodaje más desgraciado en la historia de Hollywood que el de Los inadaptados (The Misfits, 1961, disponible en Prime Video). Su estreno fue, no intencionalmente, un acto de necrofilia: dos de sus mayores protagonistas estaban muertos al momento en que llegó a las pantallas. Y no eran dos personajes cualquiera sino, respectivamente, la estrella más popular de comienzos del sonoro y el icono que redefinió la manera de filmar a la mujer y el erotismo para siempre: Clark Gable y Marilyn Monroe.

El tercer protagonista, Montgomery Clift, los sobrevivió, minado por el alcohol, sustancias varias y la amargura terrible de aquel accidente que tocó su rostro, cinco años más. Se ha escrito mucho sobre ese rodaje, mucho más que sobre la película en sí misma (de lo mejor y de lo peor, al mismo tiempo, de John Huston, veremos por qué). Pero dado que Marilyn (en realidad Norma Jean Baker, porque todos sabemos que Marilyn siempre tiene 25 años) cumplió un siglo, es bueno recordarlo y, de paso, romper con algunos mitos.

Primero hubo un cuento escrito por Arthur Miller; luego, un guion del propio Miller hecho especialmente para Marilyn, entonces su esposa. Ese matrimonio raro entre el intelectual comprometido y en busca de profundidad, el autor de Muerte de un viajante, y la mujer más deseada del mundo a la que una parte de esa misma intelectualidad despreciaba como mero objeto parecía absurda. Pero cuando se leen las idas y vueltas del matrimonio (vale la pena acercarse a la bio de Marilyn que escribió Donald Spoto), se entiende un poco más. El gran problema de Marilyn desde siempre no fue solo la conflictiva relación con una madre que deseaba ser estrella, sino la ausencia de un padre. Lo buscó en todas sus parejas, pero especialmente en Joe DiMaggio -claramente el tipo que más la quiso, a pesar de todo- y en Miller. El segundo aparece cuando la actriz marcha a Nueva York a estudiar en el Actors Studio, con el deseo de ser la actriz que realmente era pero que nadie consideraba como tal. La intelectualidad neoyorquina padecía la tradición de despreciar el entretenimiento de Hollywood, y gran parte de las tensiones que sufrió Marilyn durante toda su vida están relacionadas con eso.

El guion convenció a John Huston. Huston era un director respetado por los intelectuales, el tipo que adaptaba los “grandes libros”. Vale revisar los títulos: Dashiell Hammett (El halcón maltés), Malcolm Lowry (Bajo el volcán), Carson McCullers (Reflejos en tus ojos dorados), Stephen Crane (La roja enseña del valor), Herman Melville (Moby Dick), Flannery O’Connor (Sangre Sabia), Tennessee Williams (La noche de la iguana), James Joyce (Desde ahora y para siempre, es decir el cuento “Los Muertos”, de Dublineses) y, ya que estamos, el Génesis en La Biblia. No siempre tenía éxito comercial, pero tampoco grandes fracasos. El campo literario lo respetaba: podía conquistar como guionista a Truman Capote (La broma del diablo), por ejemplo. Así que Arthur Miller, el galardonado Arthur Miller, era ideal.

Huston tuvo un elenco que podía considerarse de los más caros posibles para Hollywood y, de hecho, era una apuesta de riesgo filmar en blanco y negro. Fue, de hecho y proporcionalmente, el film en B/N más caro hasta entonces, 4 millones de dólares de esa época, que escaló sideralmente, además, por varios factores casi trágicos. Equivalía a 44,5 millones de dólares de hoy para un film adulto y grave. Pero tenía el aura de un evento: los nombres involucrados y que el guion fuera del propio Miller le daban viabilidad. El propio Gable se ofreció a comprar la película si el estudio (United Artists) no deseaba estrenarlo. Hubo fe.

El rodaje se realizó en el desierto de Nevada. Había algunos problemas: Marilyn estaba entonces en perpetua puja con la Fox por el salario -le hizo una famosa huelga, se hizo respetar a costa de su muy frágil salud mental- y para cuando comenzó el rodaje era claro que la relación con Miller no funcionaba. La United no quería a Clift, cada vez más dependiente del alcohol y otros estimulantes, producto de la depresión que le causó el accidente automovilístico de 1956 con el cual básicamente cambió su rostro, hasta entonces de los más seductores de Hollywood. Es un poco irónico que haya sido el sobreviviente de esta película: era el más frágil físicamente. Pero Gable, entonces de 69 años, tenía también su salud minada, fumaba demasiado y el rodaje fue físicamente extenuante. De hecho, hizo casi todas las escenas físicas él mismo. Dado que se trata de una especie de western contemporáneo sobre personas que se dedican a los rodeos y la caza y crianza de caballos cimarrones, no era poco exigente. Pero además casi todo se rodó con temperaturas cercanas a los 40°, algo que hubiera minado la salud de cualquiera.

Sin contar la adicción al juego de John Huston y la dependencia del psicofármaco Nembutal (que luego sería su verdugo) de Marilyn. En el caso de Huston, perdía toneladas de dinero casi cada noche y llegaba al set en estado lamentable. Pero Marilyn tenía dos infiernos juntos. Por un lado, la situación con Miller, que sabía poco de cine y fue retocando a veces de modo radical diálogos y situaciones que incorporaban elementos emocionales que surgían de sus discusiones con ella. Y Monroe no era tonta: entendía perfectamente y veía esa “intervención” de Miller como un ataque a su intimidad. Para cuando el rodaje estaba por terminar, la pareja ya no compartía la habitación de su hotel.

El otro infierno de Marilyn era el otro villano de su historia: su psiquiatra Ralph Greenson -y su asistenta y “controladora constante” de la actriz, el ama de llaves Eunice Murray-, que la llenó de medicamentos y ejercía una manipulación constante. Hay una bola de nieve que hizo desgraciada la realización de esta película. Huston, para equilibrar los retrasos de la Monroe en llegar al set (su marca personal, algo que enloqueció a Tony Curtis y Laurence Olivier en los rodajes de Una Eva y dos Adanes y El príncipe y la corista, respectivamente) rodaba a la tarde. También, claro, para recuperarse de sus noches de insomnio, bourbon y deudas de juego. Pero eso hacía que se rodase a un calor cada vez más insoportable, lo que hizo mella en la salud no solo de Gable y Clift, sino también del tercer fallecido antes del estreno: el actor de carácter James Burton, que interpreta al abuelo.

Es decir, el proyecto mismo, que exhibe los restos en disolución de un mundo norteamericano extinto a través de la historia de dos hombres enamorados de la misma mujer, era en sí decadente, y ese espíritu se cuela en cada fotograma de la película. Sin embargo, el aura que mencionamos alcanzó para que el mismo rodaje fuera fotografiado por la agencia Magnum (sobre el libro con fotos de Henri Cartier-Bresson, Eve Arnold, Elliott Erwitt e Inge Morath hay una gran nota en este diario de la colega Paula Vázquez Prieto). Esas imágenes son más que un documento, una autopsia.

A tal punto el ambiente de “muertos vivientes” rodeaba la película que se inventaron mitos. Uno de ellos es que el retraso de dos semanas causado por la internación de Marilyn Monroe por extenuación (y por manipulación de Greenson) fue un pedido de Huston, que había perdido dinero del rodaje jugando a las cartas, al psiquiatra. Lo inventó Kenneth Anger en su tan divertido y venenoso como inexacto y malintencionado libro Hollywood Babilonia. Fue mil veces desmentido, pero sigue rodando. Y aquí está el núcleo de la importancia de Los Inadaptados.

Hay un pequeño lazo previo entre Marilyn y Gable. En muchas biografías de la actriz se cuenta que su madre, Gladys Baker, le dijo a la pequeña Norma Jean que su padre había sido Clark Gable (también lo retoma Anger en Hollywood…, pero está más documentado el rumor y aparece también en la novela Blonde, de Joyce Carol Oates). Gable, de hecho, soportó los desplantes y cuidó a Marilyn durante todo el rodaje de modo mucho más paternal que Huston y, ni hablar, Miller. Pero el triángulo Miller-Huston-Anger es un ejemplo del desprecio contra Hollywood, de la mirada injusta sobre el “entretenimiento”, sobre el cine como fábrica de sueños. Hoy es evidente que incluso el más feliz y vertiginoso de los musicales clásicos tiene una profundidad formal y de ideas a la que difícilmente llegue el cine popular contemporáneo. Miller, como otros intelectuales de entonces, quería que el cine tuviera una falsa profundidad que confundía con una cualidad literaria. Huston, ya lo vimos, era de esa tradición (aunque hizo films muy divertidos, muy “Hollywood”, aunque excepcionalmente, como La reina africana). Y Anger, que en sus libros se quejaba de los censores, se hacía eco de la idea puritana de que se trataba de un mundo siniestro controlado por monstruos ávidos de dinero y cuyas estrellas eran poco menos que monigotes perversos. Los Inadaptados (gran título latinoamericano casi literal para The Misfits) es el producto de ese desprecio.

Y sin embargo, es también virtuoso. No podemos saber qué pasaba por la cabeza de Huston al rodar, pero así como es de lo peor de su obra por lo irresponsable de la producción (“peor” en sentido moral, digamos), por momentos encuentra una inesperada y profética poesía. El rostro atribulado y bello al mismo tiempo de Marilyn, la cacería de caballos en la que los personajes, ante el blanco del terreno, parecen sombras a punto de desaparecer, crean un espectáculo melancólico que pocas veces registró el cine. Hay una verdad (quizás por todo lo que rodeó la realización) en sus planos que se vuelve hipnótica. Todos trabajan como si supieran que es la última vez. Irónicamente, la película brilla con sus estrellas emitiendo la última luz de la que fueron capaces, y sobrevive también porque es, se quiera o no y a pesar de sus autores, un western, épica pura aunque aquí llevada adelante por los vencidos. Una elegía, a pesar de todo, del viejo y buen Hollywood.

Gable murió tres días después de finalizar el rodaje; Marilyn, poco menos de un año después. Ninguno vio la película terminada.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/cine/los-inadaptados-un-film-nacido-del-desprecio-que-sirvio-como-telon-para-el-tragico-final-de-sus-nid09062026/

Comentarios
Volver arriba