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Lefevristas en Buenos Aires: así vive el grupo tradicionalista que provocó un cisma en la Iglesia

En la Ciudad de Buenos Aires, los lefebvristas tienen una sola parroquia. Es viernes, son las 7 de la mañana, y en la capilla Nuestra Señora Mediadora de Todas las Gracias, en microcentro, los as...

En la Ciudad de Buenos Aires, los lefebvristas tienen una sola parroquia. Es viernes, son las 7 de la mañana, y en la capilla Nuestra Señora Mediadora de Todas las Gracias, en microcentro, los asientos ya están ocupados por la feligresía, que reza paciente antes del comienzo de la misa. Las mujeres llevan vestidos o polleras hasta los tobillos y cubren sus cabezas con mantillas.

Puntual, a las 7.15, suenan unas campanillas. Los cantos gregorianos entonados por el sacerdote y un grupo de jóvenes seminaristas arrancan a los fieles de su ensimismamiento. El cura habla en latín mirando hacia el altar. Los asistentes acompañan el rito leyendo de sus misales o frotando las cuentas de sus rosarios. Permanecen arrodillados en el reclinatorio, como lo harán durante gran parte de la misa, muy distinta a la que se celebra en gran parte de las parroquias de la Argentina y del mundo.

Ser y no ser. Estar y no estar. La relación de los prebiteros de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (Fsspx), conocidos como lefebvristas, con el Vaticano es incómoda y tensa desde la excomunión de su fundador y líder, el monseñor Marcel Lefebvre, en 1988. La comunidad se presenta como la visión purista del cristianismo y guardiana de la tradición de la fe, en contra de la apertura eclesiástica de la Iglesia.

En Argentina y en el mundo, la Fsspx es una porción minúscula y ultraconservadora del catolicismo que desafía la autoridad de Roma e insiste en retomar las viejas tradiciones y ritos de la liturgia. Su fin es encauzar lo que consideran un error histórico, el Concilio Vaticano II, que en la década del 60 buscó renovar la Iglesia católica para que pudiera dialogar mejor con el mundo moderno, sin cambiar su doctrina esencial.

Su relación con la Cátedra de San Pedro mutó con los años, alcanzando su punto álgido con Juan Pablo II y un acercamiento durante los papados de Benedicto XVI y Francisco, pese a la impronta reformista de este último. La ignorada convocatoria al diálogo del Papa León XIV fue, a principios de 2026, un nuevo indicador de que las relaciones se encontraban en un mal momento.

Lo que en un principio parecía un coqueteo tomó forma real hoy, en Suiza, cuando la Fsspx consagró a cuatro nuevos obispos sin autorización papal, decisión que, según había advertido el Vaticano, provocaría la excomunión automática “latea sententiae” de los cuatro nuevos obispos y de quienes los ordenaron.

“Al principio no sabía pronunciar el latín”

“Después de llegar a la Fsspx conocí la verdadera riqueza de la Iglesia Católica, la doctrina y gracia del Señor y lo que Jesucristo dejó a sus apóstoles y transmitió durante más de dos mil años”, dice Christian Reyes, de 20 años, a LA NACION. El joven estudia profesorado de Inglés y se crió en una familia protestante. En la pandemia tuvo una crisis de fe que lo llevó a convertirse al catolicismo y hace tres años se volvió un miembro muy activo de la comunidad lefebvrista, luego de recibir una notificación por Facebook que lo invitaba a asistir a una misa tradicional.

“Era el día de San Pío X y fui por más de que tenía temor. Vivía en la burbuja en la que está la mayoría de los católicos, que creen que la fraternidad es cismática, o que son apóstatas o mentirosos y que no hay consagración en sus misas. Pudieron más mi amor y las ganas de conocer cómo era”, cuenta Reyes.

Al principio no sabía pronunciar el latín, ni cómo era la estructura de la ceremonia. “De a poco aprendí la pronunciación eclesiástica para responder en los momentos en que el pueblo responde, aunque hay un error en el modernismo que cree que los fieles tienen que participar sí o sí de la ceremonia. En realidad la misa es para Dios, y por eso hay un sacerdote que la ofrece. El respeto a las santas escrituras y oraciones se perdió en la misa moderna, que es ambigua, con un desamor al Señor, y donde la espontaneidad de los sacerdotes, los aplausos, gritos y las payasadas vacían de sacralidad al rito y hacen que no sea verdaderamente católica”, dice.

Reyes sostiene que respeta la autoridad del Papa, pero está en contra de lo que considera “enseñanzas ambiguas” que se desprenden de él y de sus seguidores. “Tratamos de hacerle ver al Papa sus errores, que la Iglesia retroceda en el tiempo hasta las verdaderas enseñanzas de los Apóstoles. Si el Papa se equivoca con la doctrina, no lo seguimos ni escuchamos porque eso lleva a la herejía”.

En un buzón de madera en la entrada de la capilla hay velos para las mujeres y niñas; el código de vestimenta dicta que cubran su cabeza durante la ceremonia y prohíbe los shorts, las minifaldas y las transparencias. Un cartel advierte también que no están permitidos los “escotes indecentes” y expone un extracto del Antiguo Testamento que dice: “No llevará la mujer vestido de hombre, ni el hombre vestido de mujer, porque el que tal cosa hace es abominable a Dios”.

A mitad de la ceremonia, ante una recitación del sacerdote, los fieles responden: “Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa”, y se golpean el pecho tres veces. Mientras, dos seminaristas de sotana negra rezan en un lateral del templo, leyendo en voz alta escrituras inscritas sobre un retablo, junto a la imagen de San José. Al tiempo que una señora de vestido negro se masajea las rodillas, el cura vira, por única vez, al castellano y se dirige de frente a los creyentes: “Pidamos por el Papa y por tener perseverancia en estos tiempos difíciles de crisis y de guerras”, dice y prosigue en latín hasta el final.

Un convivencia incómoda

La resistencia de los lefebvristas nació con el Concilio II, que fomentó el ecumenismo —la unión cristiana— y modificó la liturgia permitiendo que se celebre en el idioma local y de cara a los fieles.

“Rechazaron las reformas, no solo litúrgicas, sino mediante la crítica en lo teológico, y se interpretó como un cuestionamiento a la autoridad del Papa, que es quien da el sello doctrinario al Concilio”, refirió el docente e investigador de la Universidad Austral, Arturo Fitz Herbert. El especialista en catolicismo señala que el conflicto escaló cuando los lefebvristas comenzaron a ordenar sacerdotes y obispos sin el aval jerárquico de la Iglesia.

“Institucionalmente, el Vaticano los ha sancionado en ciertos momentos, aunque también ha habido intentos de acercamiento. Sostienen una tradición antigua, con su estética particular, que defienden porque los conecta con la historia de la Iglesia. Se consideran los puristas del catolicismo y ven a todos los Papas posteriores al Concilio II como un desvío histórico”, dijo el especialista.

“Es un grupo pequeño, pero muy comprometido con la fe. Puede ser muy influyente, pero no tiene un peso numérico que genere un impacto estructural en la Iglesia”, sumó.

24 capillas argentinas y 50 seminaristas

El lefebvrismo en la Argentina no tiene representación estadística propia en las encuestas nacionales, pero Fitz Herbert estima que engloba a menos del 1% de la población. La fraternidad tiene 24 capillas a lo largo del país y cada una tiene en promedio tres sacerdotes, ordenados por el propio Lefebvre o por sus obispos. En el mundo se estima que el movimiento tiene alrededor de 700 sacerdotes.

Mientras a nivel mundial la comunidad más fuerte tiene sede en Francia, donde surgió el movimiento, dentro de América Latina, la Argentina es el país donde la comunidad tiene mayor peso. Acá está ubicado uno de los cinco seminarios lefebvristas. Los otros cuatro se encuentran en Europa y Estados Unidos.

El Seminario Nuestra Señora Corredentora, ubicado en La Reja, Moreno, fue fundado por el mismo Monseñor Lefebvre en 1980. Hoy viven allí alrededor de 50 postulantes, provenientes de distintos países de habla hispana y portuguesa.

La intervención del Papa Francisco

Juan Pablo II excomulgó a Lefebvre en 1988 cuando ordenó cuatro obispos sin mandato papal. “La situación cambió durante el pontificado de Benedicto XVI, que reinstauró a los obispos lefebvristas y permitió una mayor apertura al uso de la misa tradicional. La tarea continuó en el papado de Francisco, que ya tenía relación con la fraternidad desde su etapa como arzobispo de Buenos Aires, y adoptó un enfoque práctico. Les dio la facultad de confesar a cualquier fiel, lo que significó reconocer la validez de sus ordenaciones y equipararlos a otros sacerdotes, aunque su situación jurídica no está completamente regularizada”, explicó a LA NACION, en abril pasado, el padre Alejandro Russo, moderador de la curia y doctor en derecho del arzobispado de Buenos Aires.

Russo señala que Francisco regularizó la situación canónica de hecho, aunque no de derecho. “Me llamó personalmente y me pidió que me ocupara de ordenar jurídicamente su presencia en la Argentina, para que pudieran desenvolverse sin conflictos en cuestiones administrativas, como el ingreso de miembros al país o en sus actividades pastorales, mientras se avanzaba en una solución más estable”, agregó.

La decisión de Francisco fue que, al menos en la práctica, la Fsspx funcionara como cualquier otra fraternidad católica y administrara los sacramentos de la confesión, la unción de los enfermos, el bautismo, la confirmación y la comunión. La excepción fue el caso de los matrimonios. El entonces Papa les ordenó a los obispos lefebvristas que delegaran aquella facultad al arzobispado porteño.

Tras la llegada de León XIV, el conflicto recrudeció. En febrero pasado, Davide Pagliarani, superior de la Fsspx, anunció que ordenará nuevos obispos el 1 de julio, con o sin la autorización de la Santa Sede. La consagración de los cuatro postulantes se confirmó hoy, durante una celebración en la localidad suiza de Écône, provocando la excomunión inmediata de los involucrados.

“Dios no nos ha abandonado, ni nos va a abandonar”, dijo Pagliarani, desafiante, al sentenciar, con orgullo, que estaban “listos a pagar cualquier precio por la Iglesia”, y por seguir adelante con su defensa de la tradición y de lo que consideran el verdadero catolicismo, en un “mundo apóstata, que desprecia a Dios”.

Este diario se comunicó en múltiples oportunidades con las autoridades de la capilla Nuestra Señora Mediadora de Todas las Gracias y con los representantes de la Fsspx en la Argentina, pero no obtuvo respuestas.

Calvario eterno

En cada misa los lefebvristas honran la crucifixión como si fuese siempre un Viernes Santo y ellos estuviesen en el Gólgota, al pie de la cruz. Dicen que quieren acompañar a Jesús en el Calvario todos los días.

Cerca del final de la misa, el sacerdote cambia su hábito por uno dorado. Por encima del altar se descubre la imagen de Cristo y cinco seminaristas con varillas de metal encienden cirios. Todo el frente queda iluminado por la luz de las velas. Acrecientan los cantos gregorianos y la capilla se inunda de aroma a incienso.

El templo queda luego en silencio. Terminó el rito y los fieles permanecen en sus lugares, inmutables, en signo de plegaria. No se levantan todos a la vez, lo hacen de a uno y pasan varios minutos hasta que el primero se retira. Antes de partir, se arrodillan en dirección al altar. El último sale una hora más tarde.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/lefevristas-en-buenos-aires-asi-vive-el-grupo-ultraconservador-que-se-encuentra-a-pasos-del-cisma-nid01072026/

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