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La bandana, inesperada joya del lujo accesible

NUEVA YORK.— Recién cumplidos los 250 años de Estados Unidos, parece un buen momento para detenerse en uno de los objetos más asociados a su iconografía. No la bandera. No el águila. Ni siqu...

NUEVA YORK.— Recién cumplidos los 250 años de Estados Unidos, parece un buen momento para detenerse en uno de los objetos más asociados a su iconografía. No la bandera. No el águila. Ni siquiera los jeans. La vieja bandana, que además resultó ser el accesorio más inesperadamente cool de la temporada. Al menos para quienes crecieron en la Argentina de los 70, la asociación es inmediata. Durante décadas, cualquier disfraz de cowboy venía con el mismo kit básico: sombrero, pistolas de plástico y un pañuelo colorado con búlgaros. John Wayne, el Lejano Oeste de Sábados de Superacción, el polvo del desierto y el triángulo de tela anudado al cuello parecían pertenecer al mismo paquete indivisible. Aunque el que viniese incluido tuviera su emblemático diseño de búlgaros mal impreso y estuviese hecho de un poliéster rígido que terminaba raspando el cuellito infantil.

A comienzos de los 2000, localmente la palabra pasó a evocar a cinco chicas surgidas de un reality musical. El nombre del grupo, Bandana, remitía justamente a ese accesorio, que sus integrantes llevaban con frecuencia y que encarnaba la estética pop de la época. Definitivamente, la bandana de hoy no podría estar más lejos de aquel universo. Durante el invierno pasado fue uno de los accesorios más visibles del llamado lujo accesible. Las versiones de cashmere aparecieron en las redes sociales y en las colecciones que buscaban vender sofisticación con un guiño irónico a la cultura popular. Y en las calles de las capitales de la moda —incluida Buenos Aires, donde esta cronista no tardó en cruzarse con varias—, reemplazando al clásico pañuelo de seda o incluso a una bufanda liviana.

Las versiones de cashmere aparecieron en las redes sociales y en las colecciones que buscaban vender sofisticación con un guiño irónico a la cultura popular

En el hemisferio norte la tendencia sobrevivió a la llegada del calor. Ahora, hasta en la entrada de Le Bon Marché —el legendario templo de las compras de la margen izquierda del Sena— la selección de imprescindibles del verano tiene bandanas partout. Que sirvan para combatir la ola de calor parisina es discutible; que combinan con todo, mucho menos.

Sin embargo, la historia de la bandana resulta bastante más interesante que la de un simple cuadrado de tela que pasó del cuello de un cowboy al de cualquier fashionista internacional.

La llevaron trabajadores rurales y motociclistas. Hippies y rockeros. Pandillas urbanas y estrellas de cine. En los años setenta incluso se convirtió en parte de un sofisticado sistema de códigos dentro de la comunidad gay masculina estadounidense

Para empezar, ni siquiera nació en Estados Unidos. La palabra proviene del hindi bandhna, que significa “atar”, y su estampado de gotas curvadas se originó entre Persia y la India antes de ser reproducido industrialmente en la ciudad escocesa de Paisley, que terminaría dándole su nombre en inglés. En el Río de la Plata existen versiones que atribuyen el nombre de “búlgaros” a los mercaderes de Europa del Este que importaban y distribuían esos pañuelos a comienzos del siglo XX. Pero fue en Estados Unidos donde la bandana terminó de construir su mitología. En plena Revolución circularon bandanas con la imagen de George Washington, una forma primitiva de merchandising político. Durante gran parte del siglo XIX y comienzos del XX, este pañuelo fue además una herramienta de trabajo. Los cowboys la utilizaban para protegerse del polvo; los trabajadores ferroviarios, para secarse el sudor; los mineros, para cubrirse la cara. Con el tiempo se difundió aún más como marcador de identidad, incluso entre grupos que difícilmente podrían haber tenido algo en común. La llevaron trabajadores rurales y motociclistas. Hippies y rockeros. Pandillas urbanas y estrellas de cine. En los años setenta incluso se convirtió en parte de un sofisticado sistema de códigos dentro de la comunidad gay masculina estadounidense.

Quizás esa sea la mejor definición de un clásico: un objeto tan sencillo que puede reinventarse una y otra vez sin dejar de ser reconocible. Hoy forma parte de las celebraciones por el aniversario de Estados Unidos y también del invierno porteño. Puede aparecer en un rancho de Texas, en un recital de rock o en la entrada de una tienda parisina donde un bolso cuesta lo mismo que un auto usado. Para un simple cuadrado de tela, no está nada mal.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/la-bandana-inesperada-joya-del-lujo-accesible-nid05072026/

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