El piloto que escapó del régimen cubano a bordo de un caza y regresó en una avioneta para rescatar a su familia
El mayor Orestes Lorenzo era un experimentado piloto de la Fuerza Aérea de Cuba a comienzos de 1991 cuando, harto de la opresión del régimen de Fidel Castro, decidió abandonar la isla. En un ej...
El mayor Orestes Lorenzo era un experimentado piloto de la Fuerza Aérea de Cuba a comienzos de 1991 cuando, harto de la opresión del régimen de Fidel Castro, decidió abandonar la isla. En un ejercicio de entrenamiento, el aviador escapó hacia los Estados Unidos de los cazas MIG-23 de la flota cubana.
La historia podría haber culminado allí, pero Orestes tenía a su mujer y sus dos hijos en territorio cubano. El piloto quería que ellos se reunieran con él en Estados Unidos pero los Castro no les permitían salir de la isla.
Los perseverantes pedidos internacionales del mayor por sus familiares chocaban con la inflexible actitud del gobierno. Raúl Castro, entonces comandante de las Fuerzas Armadas de la isla, le habló a la mujer de Lorenzo para lanzarle un punzante desafío: “Dígale a su marido, que si tuvo los cojones para llevarse un avión, que los tenga también para venir a buscarles personalmente…”.
El hermano menor del dictador cubano no imaginó que el piloto desertor iba a tomarse sus palabras al pie de la letra. A fines de 1992, Orestes Lorenzo abordaría una antigua avioneta en Florida con la intención de ir a rescatar a su familia cubana. Al parecer, el piloto sí tenía los cojones necesarios para hacerlo...
Un piloto de elite en tiempos de PerestroikaLorenzo era un piloto de elite de la Fuerza Aérea Cubana. En su currículum figuraba que formó parte de la flota enviada por Cuba para participar de las luchas en Angola a comienzos de los años 80.
Ese país africano, en el contexto de una guerra civil, era uno de los escenarios donde se desarrollaba la Guerra Fría, conflicto global que enfrentaba a la Unión Soviética, a la que respondía Cuba, con los Estados Unidos.
Para su formación y entrenamiento en el manejo de aviones caza, el piloto había estado por dos períodos en la Unión Soviética. Del 77 al 80 y luego, del 86 al 90. Esta última etapa fue importante para él porque se dio en el tiempo en el que la rigidez soviética comenzaba a agrietarse por el proceso de cambios como Perestroika, motorizado por Mijail Gorvachov, el presidente de la URSS.
Allí, el aviador cubano comenzaría a vislumbrar el lado oscuro del comunismo, que también lo llevaría a sopesar la situación que atravesaba su propio país. “Lo que ocurre en los países comunistas es que el país entero se convierte en una propiedad privada de aquellos que tienen el poder. La constitución y las leyes no tienen valor alguno, sencillamente es la voluntad de sus líderes”, decía el piloto en 2024 al medio Pucará Defensa.
Luego de mucho meditar y al darse cuenta de que no podía seguir viviendo esa vida “sin la más elemental dignidad”, según sus propias palabras, el aviador decidió que había una única salida: escapar de la isla.
El primer escapeEl 20 de marzo de 1991 el mayor de la Fuerza Aérea Cubana despidió a su esposa Victoria y le prometió que volvería por ella y sus dos hijos. Luego, aprovechó una misión de entrenamiento para subirse al caza Mikoyan-Gurevich MIG-23BN -conocido como MIG-23- y voló en dirección al norte.
En menos de 10 minutos, volando al ras del mar para despistar a los radares cubanos y luego estadounidenses, el mayor recorrió los 150 kilómetros que lo separaban de los Estados Unidos. Aterrizó sin ser detectado en la estación aeronaval de Boca Chica, en Cayo Hueso, estado de Florida.
Al bajar del caza, y sin conocer para nada el idioma inglés, Lorenzo se hizo entender para indicar que estaba buscando asilo político. “Bienvenido a los Estados Unidos”, fue la respuesta de los miembros de la base aérea que lo recibió.
Poco después, y tras un interrogatorio de rigor en Washington D.C., el cubano recibía el status de asilado político. Ahora comenzaba la segunda etapa de su proeza, la de sacar a su familia de Cuba.
La lucha por su familiaVictoria “Vicky” Rojas, la esposa del piloto, y los hijos de ambos, Reynel y Alejandro, esperaban poder reunirse con el aviador a la brevedad. Pero la deserción de un miembro de la elite de la Fuerza Aérea no era fácil de digerir para un régimen como el cubano.
Por eso, a partir de la partida de Lorenzo, su familia vivió en la isla en un estado de vigilancia permanente y no había pedido internacional que pudiera hacer cambiar de opinión a los hermanos Castro.
Los reclamos del piloto caían una y otra vez en saco roto. Hasta el presidente estadounidense George H. W. Bush pidió al gobierno cubano por la familia Lorenzo, pero no hubo respuesta.
Tras el intento de ser escuchado por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU sin demasiado éxito, el piloto de caza decidió hacerse visible en la Cumbre Iberoamericana celebrada en Madrid en julio de 1992, donde uno de los participantes era el propio Fidel Castro. Lorenzo se encadenó en una de las verjas del Parque de El Retiro, en la capital española.
Incluso publicó una carta en el Wall Street Journal donde se ofrecía llegar él a Cuba para ser juzgado si dejaban partir a su familia hacia los Estados Unidos.
Ante todas estas manifestaciones, el régimen cubano se mostraba férreo en su negativa. Es bajo estas circunstancias cuando Raúl Castro lanza su envenenado desafío y conmina al piloto a tener el coraje de buscar a su familia personalmente.
Cansado de bregar por la libertad de los suyos durante más de 21 meses, y acicateado por uno de los hombres más poderosos del régimen, Orestes Lorenzo decidió tomar el toro por las astas. Iría a recoger él mismo a sus seres queridos.
El rescate finalSabía muy bien que lo que se proponía podía terminar de la peor manera, pero de todas formas estaba determinado. “Estás en un estado psicológico en que venciste, aunque te maten. Venciste cuando fuiste libre hasta el último momento, libre de pensar y libre de decirle las cosas a la gente como las crees”, diría el piloto en la mencionada entrevista.
El rescate de Vicky y los pequeños Reynel y Alejandro tiene condimentos de película. Con 30.000 dólares recolectados por distintas fundaciones que buscaban ayudar al piloto, Lorenzo compró una pequeña avioneta Cessna 310 bimotor, de 1961. Debió sacar, para pilotearla, una nueva licencia que tramitó en el estado de Virginia. Aunque había volado muy poco con la nueva nave, Orestes decidió jugarse a suerte y verdad y se lanzó a la aventura. Sabía que tenía una sola oportunidad.
A las 17.07 del 19 de diciembre de 1992, el mayor Lorenzo despegó de un pequeño aeropuerto cercano a Miami y puso el bimotor en dirección a la isla de Cuba. Tal como lo hizo con el caza con el que desertó, el piloto voló a poca distancia del mar -alrededor de tres metros- para no ser detectado por los radares del régimen castrista.
Unas amigas mexicanas que visitaban Cuba en ese tiempo le hicieron llegar a Victoria el día, la hora y el lugar por donde su marido pasaría a recogerlas. Como la familia Lorenzo se encontraba vigilada las 24 horas, el punto de encuentro con el piloto debía ser uno que estuviera en el recorrido habitual de Vicky y sus hijos.
En este caso, el encuentro debía darse en una pequeña carretera costera frente a una playa llamada El Mamey, en Varadero, a unos 150 kilómetros de La Habana, un camino que llevaba hasta la casa de los padres del piloto.
“El vuelo del amor”La familia de Orestes llegó primero al lugar y poco después escucharon los motores del avión. La carretera, en ese momento en el que ya había oscurecido, estaba activa. El piloto descendió pasando muy cerca del techo de un vehículo y pudo detenerse a pocos metros de un autobús que venía de frente y tuvo que frenar su marcha.
Entonces fue cuando el aviador vio delante suyo a sus familiares, a quienes no veía hacía casi dos años. Como ellos corrían de frente en dirección a la nave, el aviador la giró para evitar una tragedia con las hélices. Abrió la puerta de la cabina, permitió que ingresaran a la avioneta y de inmediato despegó.
Pese a los temores de la familia, ningún caza cubano apareció en el horizonte para derribarlos. El antiguo Cessna salió del espacio aéreo cubano muy pocos minutos después. En menos de dos horas, la nave aterrizó en Cayo Marathon, Florida, con todo su pasaje sano y salvo.
“La operación completa fue un milagro”, diría más tarde el piloto sobre esa inolvidable misión a la que la prensa le daría el nombre de “el vuelo del amor”. Por supuesto, a poco de bajar de la nave, el mayor Orestes Lorenzo se acordaría del desafío del Comandante del Ejército cubano: “Díganle a Raúl Castro que le he tomado la palabra y he ido personalmente a recoger a mi familia”.
Más de tres décadas después de aquel memorable vuelo, Orestes Lorenzo y su familia viven todavía en los Estados Unidos. Alejado de la actividad militar, el expiloto participa en entrevistas y charlas donde habla acerca de su vida y, por supuesto, de la doble fuga que protagonizó a pura audacia y amor por la familia y la libertad.
El MIG-23 en el que Lorenzo escapó por primera vez de Cuba, en tanto, fue devuelto hace un tiempo a la isla, pero se encuentra prácticamente desguazado y como chatarra a la vera de un camino rural.