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De la pobreza a la clase media: El método revolucionario que desafía décadas de políticas sociales en Argentina

“Te voy a invitar a Paraguay a que veas el impacto en las familias”, dice porque él es una especie de profeta, porque quiere que los demás vean lo que él ya sabe en la teoría pero también ...

“Te voy a invitar a Paraguay a que veas el impacto en las familias”, dice porque él es una especie de profeta, porque quiere que los demás vean lo que él ya sabe en la teoría pero también en la práctica, porque se le ocurrió hacer algo tan simple y revolucionario como preguntarle a las personas más vulnerables qué es ser pobre para ellos, cuáles son sus urgencias y sus aspiraciones. Y a partir de ahí, armar un plan de mejora.

“La pobreza es finita. Nosotros creemos que en cinco años una familia puede eliminar su situación de pobreza y pasar a la clase media”, asegura Martín Burt, Director Ejecutivo de la Fundación Paraguaya y creador del Semáforo de Eliminación de Pobreza implementado por 1000 organizaciones públicas, empresarias y del tercer sector, y que alcanza a 600.000 familias de 60 países. Consiste en una app o cartilla con dibujos en la que las personas de bajos recursos pueden auto evaluarse en distintas categorías poniéndose rojo, amarillo o verde, según el grado de desarrollo que tengan en cada uno.

En la Argentina, solo dos empresas cordobesas están hoy poniendo en práctica esta herramienta para que su política de inversión social sea más efectiva. “Hay mucha resistencia en Argentina, en Cuba y en Venezuela también, porque son países que creen que el Estado es la panacea. Lo que no se dan cuenta es que esto cambió todo. Entonces, el intermediario, el líder comunitario y el funcionario público que están ahí para ayudar, ya no pueden tener el monopolio de la información. Nuestro objetivo es ayudar a las familias a aprender a generar ingresos para graduarse de las asistencias. Ya lo están haciendo en muchos países”, afirma este emprendedor que publicó el libro “¿Quién es Dueño de la Pobreza?” en 2019, fue Jefe de Gabinete de la Presidencia de Paraguay, intendente municipal de Asunción y viceministro de Comercio.

Burt estuvo de visita en el país invitado por la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE) para “evangelizar” a otros empresarios, organizaciones sociales y gobiernos a que apuesten por las familias como sujetos de información, de generación de recursos y de motor de la economía.

-¿Cuáles son los riesgos de medir la pobreza únicamente por ingresos como lo hace el gobierno en nuestro país?

-El riesgo es que no toma en cuenta el hecho de que la pobreza es multidimensional. Nosotros hace más de 40 años creamos la Fundación Paraguaya para apoyar a los trabajadores independientes por cuenta propia que los economistas no consideraban agentes económicos, sino desempleados crónicos estructurales. Nosotros somos parte de ese movimiento de apoyo a las microfinanzas que considera que sí son agentes económicos y que con apoyo crediticio y capacitación pueden lograr tres objetivos: aumentar ingresos familiares, fortalecer empleos precarios y hasta crear nuevos puestos de trabajo.

-¿Por dónde hay que empezar en un país como la Argentina para erradicar la pobreza?

-Hasta hace poco la teoría te decía que Estado de bienestar era el responsable de la pobreza y el que iba a solucionar el problema. Ya son 60 años de tirar la plata en Estados Unidos, por ejemplo, a la comunidad negra a la que nunca le consultaron How are you? ¿Qué necesitas? Impresionante. Y eso es porque parten de la premisa de qué va a saber una pobre negra adolescente. Hay un prejuicio y un racismo total. Pero entonces lo que nosotros estamos diciendo es que esta manera de hacer política está obsoleta. Entonces vos acá en Argentina tenés 6 millones de personas que reciben un subsidio del Estado por hijo y por qué no desarrollamos un programa para ayudar a cada uno no solamente con plata, sino que lo escuchás y lo potenciás a que ellos puedan armar su propio plan de superación.

-¿Qué aprendiste que no sabías de la pobreza gracias a tu trabajo?

-Nos dimos cuenta de que no entendíamos qué era la pobreza. Leímos toda la literatura, lo que dice el Banco Mundial y el Banco Interamericano, pero no alcanza. Hay que ir al territorio porque la pobreza no es solamente de ingresos, sino también de vivienda, de salud, de educación. Hace como 15 años hice una gira preguntándole a miles de señoras qué significaba para ellas ser no pobre y fue increíble. Es tener plata, es tener ropa para cambiarte diariamente, es tener una cama para no dormir en el suelo, es tener dormitorios separados para padres y para niños adolescentes, es tener comida nutritiva, es tener agua me decían y yo tomaba nota. Pero no se quedaban solo en eso. También me decían que era tener motivación, tener autoestima, tener redes de apoyo.

-Claro, tener salud emocional.

-Exacto. Yo les preguntaba, ¿es más importante controlar tus emociones o tener agua? Y ellas me contestaban que por supuesto que controlar las emociones porque si vos no tenés agua, tu vecino tiene agua, pero si vos no podés controlar tus emociones, te quedás sin trabajo. Entonces nos dimos cuenta de que para medir la pobreza eran importantes los indicadores objetivos, pero también los indicadores subjetivos. El censo es una encuesta extractiva que mide si tienen luz eléctrica, si pasa el colectivo, pero no alcanza con eso. Y por eso desarrollamos una autoencuesta con colores e imágenes porque muchas de estas personas son analfabetas funcionales que tenemos traducido a 25 idiomas y los dibujos se adaptan a cada país. Además de las dimensiones materiales como “tenemos ingresos suficientes”, “tenemos canilla” o “tenemos transporte regular”, se suman otras categorías subjetivas como “confío en nuestros logros y capacidades”, “pensamos en los demás al tomar decisiones”, “controlo mis emociones”, “no hay violencia en nuestra familia”, “somos emprendedores” y “tomo decisiones sobre mi vida”.

Burt habla rápido, mueve las manos y se entusiasma al hablar de este semáforo que -tomando como base los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible elaborados por las Naciones Unidas- consiste en un tablero de medición con 50 variables de pobreza multidimensional que a través de herramientas de autoevaluación permiten el descubrimiento de soluciones prácticas e innovadoras.

-En la Argentina tenemos la sensación de que la pobreza es un fenómeno imposible de solucionar, que ya existen generaciones y generaciones de personas atravesadas por una pobreza estructural, sin acceso a derechos ni oportunidades.

-Es imposible de solucionar desde donde ellos miran. Pero si vos le preguntas a las mamás argentinas ¿querés superar esto? Todas te van a decir que sí. Y hay definir con ellas sus prioridades y arrancar desde el nivel familiar. No hay familia argentina que motivada y capacitada no pueda superar la pobreza. Tenemos miles de ejemplos en muchísimos países.

-En general, a las personas no les gusta autopercibirse pobres. ¿Creés que hay una subrepresentación de la pobreza con este método?

-No, porque la gente sabe qué significa ser no pobre en Argentina, en Bulgaria, en Chicago o en Londres. Es anónimo y no les importa tanto tampoco. Y entonces la familia en 20 minutos hace lo impensable que es medir su pobreza. Y es fidedigno. En algunas cositas como si en su familia no hay violencia y si saben resolver todo en el futuro quizás no es exacto, pero en términos generales es bastante preciso y lo que logra primero es lo que Paulo Freire decía de la concientización. Todas las preguntas son en primera persona y todos los indicadores son objetivos, subjetivos, accionables y alcanzables en esa comunidad.

-En esto que mecionás de la concientización de su propia realidad, ¿cuáles son los aspectos en los que ellos mismos más se sorprenden?

-Después de hacer el auto test, la familia arma su tablero de control. Y es muy interesante porque al tener cincuenta indicadores, esto permite ser no pobre en muchas cosas. Esto es único en el mundo porque su familia hace su propio semáforo. Y ven que en algunas cosas ellos son rojo, amarillo o verde y ven que otros vecinos lo son en otras áreas. Y pueden aprender de lo que sabe hacer el otro.

-Y esta herramienta tiene la ventaja de que está geolocalizada y eso permite que puedas determinar cuáles son las zonas más críticas.

-Exacto. Vas a encontrar que hay zonas críticas como puede ser Concordia en Argentina que andaría rojo, pero también vas a encontrar en Concordia que hay una zona donde no hay agua y otra en la que hay tres familias con agua que de alguna manera resolvieron ese problema. Y después la familia hace su plan de vida para superar y enumera sus cinco prioridades. Acá entonces se pasa de la concientización a la aspiración. Yo no sé qué pasó, pero tocamos una tecla y nos empezaron a llamar de la favela de Brasil, de Chicago, de todo el mundo.

-Dentro de las entidades que están utilizando el semáforo, ¿qué porcentaje son empresas, estado u organizaciones sociales?

-A nivel mundial estamos en 60 países. Tenemos 600.000 familias, 100.000 en Paraguay y 500.000 en otros países. Trabajamos mayormente con el sector privado. Los gobiernos se nos están acercando poco a poco. Lo revolucionario es que la unidad de medida es la familia, son los que comen de la misma olla y duermen debajo del mismo techo. Eso libera una energía atrapada porque por primera vez alguien le pregunta a la mamá cómo está, qué necesita, cómo se siente y tenés la posibilidad de visibilizar a la gran protagonista invisible que es la mamá, que pasa de ser beneficiaria a ser la que define y prioriza su vida.

-Me imagino que le debe costar mucho a los gobiernos aceptar que no pueden solucionar la pobreza.

-Ahora me llama, por ejemplo, el gobierno de Irlanda que tiene un programa de pobreza infantil que no está pudiendo resolver y yo le digo, ¿ustedes le preguntaron algo a la mamá? No, es que nosotros ya sabemos todo. Y así les va. Nosotros creemos que, en promedio, una familia típica tiene 15 privaciones de entre 50 y que una familia puede superar tres privaciones al año. En cinco años, creemos que la familia puede eliminar su situación de pobreza y pasar a la clase media.

-¿Cuáles creés que son los principales prejuicios que siguen existiendo en relación a los pobres?

-Que los pobres son víctimas. El gobierno cree que no se les puede pedir nada y entonces define solo el plan y el plazo sin ningún tipo de diálogo con los beneficiarios. No sabían que se le podía preguntar al pobre cómo está y no sabían que el pobre tenía una respuesta. El otro día tuve una visita de un comisario que me dice queremos hablar con usted porque desde que empezó a trabajar en esta comunidad se dispararon los casos de violencia contra la mujer. Ah, pero qué interesante comisario. ¿Se dispararon o los están midiendo por primera vez? Hay que cambiar esa cultura. Porque nunca se les ha dado la oportunidad de que ellos puedan elegir en qué quieren trabajar y acceder a los mismos recursos a los que accedió la clase media. Entonces vos a lo mejor vivís sobre la línea de pobreza, pero tenés un montón de otros problemas. Eso es muy interesante porque se termina con ese enfrentamiento de ellos contra nosotros, porque ellos dejan de ser los descartables.

-¿Durante la pandemia notaron que subieron los números de pobreza?

-Sí, porque la gente no podía generar ingresos. Nosotros trabajamos con el sector pobre, que es el trabajador independiente y no podían salir a la calle a vender chipa casa por casa. Fue impresionante. Una señora me dijo yo trabajaba como empleada en la casa de una maestra y mi esposo es zapatero, con la pandemia la maestra se mudó a su casa y dejó de necesitarme. Y nadie se arreglaba los zapatos. Para este sector fue brutal.

-¿Qué nos está faltando como sociedad?

-Ese diálogo de amor, de compasión, de tomar a una mujer de las manos y preguntarle cómo está. Esa mirada cambia todo. ¿Me vas a decir que esa persona no puede pasar de tener letrina a inodoro si se lo propone? No son inhábiles. Lo que pasa es que no se han concentrado en las cosas que los podían fortalecer. Y entonces cuando hacen sus semáforos y se arreglan los dientes o hacen su semáforo y terminan invirtiendo en azulejos para su baño, les pregunto ¿cómo es que antes no tenías un inodoro? No me creía digna, te dicen. Lo cual es una oportunidad porque el problema no es monetario sino emocional y entonces podemos trabajar en la autoestima de las mujeres.

-¿Te acordás de alguna historia que te haya conmovido particularmente?

-Mi esposa me preguntó una vez si no me deprimía trabajar con la pobreza y yo le dije: Dorrie, me energiza. Yo solamente escucho noticias positivas, de crecimiento de mujeres de Filipinas, de Malasia, de Hawái, de Marruecos. Me acuerdo el caso de una mujer que no tenía dientes y se dedicaba a lavar la ropa en el río a la noche porque a su hija le daba vergüenza que la vieran. Ganó un concurso para hacerse la dentadura y después no paraba de sonreír por todo el barrio. Y un día me dice: Mira lo hermosa que soy y mira la casa que tengo. Antes, como yo era mujer fea podía vivir en una casa fea, pero ahora que soy hermosa, no puedo vivir en esta casa. Entonces, ahora tengo que pintar y trabajar el triple para ponerla linda. Ese es el primer paso.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/comunidad/hambre-de-futuro/de-la-pobreza-a-la-clase-media-el-metodo-revolucionario-que-desafia-decadas-de-politicas-sociales-en-nid13062026/

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