Cuando la salud se vuelve una obsesión: cómo darse cuenta que la sufrís y cuánto pesa la hipervigilancia de los biomarcadores
El diccionario médico de la Universidad de Navarra define a la ...
El diccionario médico de la Universidad de Navarra define a la hipervigilancia como un estado de alerta desproporcionado en el que la persona explora sin descanso el entorno en busca de amenazas, aun cuando no exista un peligro real. Es una manifestación que aparece en distintos cuadros psicológicos y que combina una sensibilidad sensorial aumentada con conductas de rastreo exageradas. Distinguirla de la atención ordinaria ayuda a precisar el concepto. La atención selectiva permite elegir en qué fijarse y descartar lo irrelevante.
En la hipervigilancia, ese filtro se inclina hacia el peligro: cualquier cambio capta el foco y se interpreta como posible señal de riesgo. Junto a la llegada de los relojes y anillos inteligentes, asoma un nuevo escenario: la hipervigilancia de los biomarcadores.
El caso de los anillos inteligentes ayuda a dimensionar el crecimiento en la adopción de estas tecnologías. El Oura Ring, el líder indiscutido del segmento que concentra casi el 75% del mercado, superó los 5,5 millones de anillos vendidos globalmente, según los estudios de mercado publicados en Business Wire. Le tomó a la compañía once años (desde su fundación en 2013 hasta mediados de 2024) vender sus primeros 2,5 millones de unidades. Sin embargo, vendió más de 2,5 millones de anillos en solo 15 meses (entre mediados de 2024 y finales de 2025), superando los 1000 millones de dólares en ventas, con una tasa de crecimiento anual superior al 22%. El crecimiento de la demanda es indudable. Sin embargo, ¿monitorear nuestros biomarcadores compulsivamente es sinónimo de salud? ¿Por qué puede generar estrés?
El médico que corre por el mundo sin zapatillas desde los 60 años
“El sistema nervioso autónomo, simpático y parasimpático, evoluciona a una velocidad menor que la tecnología. Las respuestas de huida que se generan al ver algo que no entendemos o que percibimos como negativo son similares a las que se generaban cuando estamos cerca de algún animal que potencialmente podría dañarnos en la antigüedad”, explica Eduardo Isern, cardiólogo. “En esa respuesta se liberan adrenalina, noradrenalina, cortisol y glucosa. También aumentan la frecuencia cardíaca, respiratoria, la tensión arterial y la circulación de sangre en músculos”, explica el médico.
“Es así que estas reacciones en personas con alguna dolencia o factor de riesgo hacen que los controles frecuentes sin un adecuado tratamiento del problema sean contraproducentes y generen una sensación de angustia continua por la falta de resolución del problema y, en algunos casos, un agravamiento del mismo a causa de esta reacción del sistema nervioso simpático luego de cada medición. Es muy importante saber diferenciar la recolección de datos, de la resolución del problema, que puede demorar semanas o hasta meses”, advierte el cardiólogo.
“La herramienta más importante que nos han dado los relojes inteligentes es la medición de la frecuencia cardíaca y las variaciones del ritmo cardíaco. Tenemos relojes con la capacidad de realizar un electrocardiograma (una sola derivación) que son de mucha utilidad en la detección y tratamiento de arritmias cardíacas. La medición de la tensión arterial también es importante en este tipo de relojes, aunque son pocos los que tienen esta función incorporada”, observa Isern.
Por otro lado, considera que menos importante y con más grado de error es la medición de la saturación de oxígeno. Y lo más ruidoso de estos equipos (y subjetivo) es la medición del sueño REM, del nivel de estrés o el consumo de calorías diarias. “Son datos que involucran mediciones muy específicas, como una polisomnografía en el primer caso, o múltiples mediciones para lograr exactitud en el caso del consumo de calorías, como la masa muscular del paciente y el consumo de calorías basal, la temperatura exterior, el gasto en la digestión de alimentos, además de la actividad física, que es lo único que un dispositivo detecta a través del movimiento y la frecuencia cardíaca”, distingue Isern.
El camino del medio“El monitoreo constante puede ser muy útil, pero depende de qué estamos midiendo y, sobre todo, de la personalidad del paciente”, advierte la médica Rosana Cafardo. “Por ejemplo, en una persona con diabetes, un sensor continuo de glucosa permite ver casi inmediatamente cómo impactan determinadas comidas. A veces, el solo hecho de poder observar qué ocurre con la glucemia después de una ingesta ayuda al paciente a modificar la cantidad o el tipo de hidratos de carbono que consume. Algo parecido ocurre con los contadores de pasos de los teléfonos, relojes o pulseras inteligentes. Cuando alguien se propone una meta diaria, poder verla y seguirla suele funcionar como un estímulo para moverse más”, asegura la doctora.
“La tecnología también puede aportar información médica inesperadamente importante. Un colega en España, por ejemplo, estaba haciendo una clase de gimnasia cuando su reloj inteligente detectó una alteración del ritmo cardíaco y le dio una alerta. Consultó, terminó internado en una unidad coronaria y finalmente requirió un marcapasos. Pero la misma tecnología que en algunos pacientes ayuda, en otros puede jugar en contra”, advierte la especialista.
Pone como ejemplo el sueño: personas que empiezan a controlar obsesivamente cuántas horas durmieron o cuánto sueño profundo tuvieron y se angustian si el reloj no muestra las ocho horas que esperaban. “En ese momento, una herramienta creada para cuidar la salud empieza paradójicamente a generar ansiedad. Por eso creo que la justa medida está en ese difícil camino del medio: usar la tecnología, aprovechar la información que nos brinda, pero no depender de ella”, observa Cafardo.
La profesional comenta que, desde la medicina clínica, las mediciones que realmente les aportan información son aquellas que tienen un objetivo concreto y que pueden modificar una conducta médica. Por ejemplo, los controles de presión arterial, de glucemia en pacientes con diabetes o los análisis de laboratorio en personas con enfermedades como anemia o hipotiroidismo. También miden vitaminas o determinados nutrientes cuando existe una razón para sospechar un déficit.
“Las redes sociales también generan mucha información –y muchas veces sobreinformación– acerca de supuestos déficits, dando la sensación de que permanentemente nos está faltando algo. En una persona sana, con una alimentación variada y sin factores de riesgo específicos, muchas de esas mediciones no son necesarias”, argumenta Cafardo.
Según su punto de vista, contar con métricas concretas puede ser útil, especialmente en pacientes muy controladores, porque les permite tener objetivos y mejorar determinados hábitos. “Sin embargo, la salud también depende de cierta paz en la cabeza. Cuando medir deja de ser una herramienta y se transforma en una obsesión, terminamos siendo presos de esas mediciones”, advierte la médica.
La paradoja del control“La incertidumbre es algo que nos genera malestar a todos. Ser conscientes del poco control real que tenemos sobre el devenir de las cosas suele ser bastante angustiante para la mayoría de las personas. Tener herramientas que nos den más información alimenta esta ilusión de control, dando cierto alivio momentáneo. Pero termina por generar un círculo vicioso donde cada vez necesito más información, justamente porque la certeza absoluta es imposible. Por lo tanto, es necesario que podamos desarrollar cierta tolerancia a la incertidumbre porque es inherente a la existencia”, asegura Camila Steigmeier, psicóloga especializada en trastorno obsesivo compulsivo.
¿Cómo el acto de verificar constantemente la frecuencia cardíaca o la glucosa termina activando el sistema de amenaza y generando la misma ansiedad que se intenta calmar? “Por un lado –explica Steigmeier– el hiperfoco atencional en el cuerpo o las sensaciones corporales muchas veces puede llevar a una interpretación catastrófica de esas mismas sensaciones, activando el sistema de amenaza, como muchas veces pasa en el trastorno de pánico”, expone la psicóloga. Por otro lado, personas con rasgos obsesivos o perfeccionistas, según la psicóloga, también pueden terminar sintiéndose más ansiosas ante la posibilidad de que las mediciones de las funciones corporales no den exactamente como esperan, muchas veces con expectativas poco realistas o no basadas en indicaciones médicas.
“En general, las personas vivimos aceptando cierto grado de incertidumbre, suponemos que estamos bien, sanos, hasta que se demuestre lo contrario, que aparezca un síntoma o que en un chequeo médico nos den una mala noticia. Pero en personas con un sesgo de sobreestimación del riesgo, pareciera ser al revés: no pueden quedarse tranquilos hasta confirmar con certeza que todo está bien. En estos casos, este tipo de aplicaciones puede terminar resultando un problema”, asegura la psicóloga, coordinadora del Área Académica de TOC Argentina.
El psiquiatra Maximiliano Napoli coincide: “El ser humano necesita certidumbre y rechaza la incertidumbre, pero tenemos que entender que no podemos controlar todo”. Si bien al profesional no le parece mala la autoevaluación, considera que el problema es cuando se empieza a evaluar cada paso que damos o si el sueño fue malo o bueno según lo que dijo el reloj. “Se pierde lo vivido y todo lo escribe la tecnología”, añade.
Bucle de refuerzoParte de las consecuencias inesperadas de esta relación con la tecnología es que puede comenzar a operar el bucle de refuerzo compulsivo; entonces, el “dar bien” en la métrica funciona como una recompensa que retroalimenta la necesidad de seguir midiendo. “Funciona más parecido a una adicción comportamental”, suma Steigmeier. “La persona comienza a chequear la métrica en búsqueda de una sensación placentera de ‘dar bien’, alimentando la incertidumbre de que podría no estar saludable, y después termina repitiendo de manera compulsiva la medición para aliviar el malestar provocado por la misma incertidumbre de que podría llegar a estar mal”, argumenta Steigmeier, quien lidera la formación especializada en TOC en instituciones nacionales e internacionales.
¿Qué pasa psicológicamente cuando el dispositivo arroja una “mala métrica” (por ejemplo, “sueño deficiente”) aunque la persona se haya despertado sintiéndose con energía? “Podría funcionar como una profecía autocumplida. A medida que más nos apoyamos en dispositivos para medir nuestro propio cuerpo, vamos perdiendo confianza en nuestra propia percepción”, advierte Steigmeier. Agrega: “Es indiscutible que contar con más herramientas para el cuidado de la salud es beneficioso, sobre todo para la prevención de enfermedades. Pero parte de relacionarnos con la tecnología tiene que incluir reflexionar sobre el modo en el que lo hacemos. La herramienta debería estar al servicio de la persona y no a la inversa”.
“Los hábitos saludables se construyen con la repetición de pequeñas conductas”, asegura Rosana Cafardo. “Necesitamos la luz del sol, escuchar el sonido de los pájaros, mirar el mar, leer un libro o emocionarnos con una canción. Creo que ahí está el equilibrio. La tecnología puede acompañarnos, pero no debería alejarnos de aquello que nos hace humanos”, distingue la médica, desde su consultorio especializado en obesidad.
“La tecnología puede ser una herramienta extraordinaria para cuidar nuestra salud, prevenir enfermedades y ayudarnos a mejorar nuestros hábitos. No necesitamos que un reloj nos diga todas las mañanas si descansamos bien: podemos aprender a escuchar nuestro cuerpo y reconocer cómo nos sentimos”, reflexiona.
Si bien un número puede orientar, considera que no debería definir nuestro bienestar ni reemplazar el sentido común, el autoconocimiento ni, mucho menos, el vínculo con los demás. “Necesitamos conectarnos entre nosotros, mirarnos, conversar, escuchar nuestro cuerpo y también aprender a confiar en lo que sentimos”, concluye Cafardo.
Señales de alertaSegún Camila Steigmeier
Comienza como una herramienta para sumar bienestar y termina por gobernar toda o gran parte de la conducta.Genera altos niveles de malestar si no se cumple con lo establecido. Es una fuente de tensión.Comienza a condicionar excesivamente nuestra conducta.Se vuelve obligatorio y rígido.Pautas de relación saludable con las tecnologías de salud Intentar utilizarlos como una herramienta más para el registro y control de nuestra salud.Evitar que se convierta en lo que determine todo en nuestra conducta.Seguir las recomendaciones del médico de cabecera de acuerdo a las condiciones físicas particulares y evitar seguir estándares propuestos a través de redes sociales. Poder distinguir cuándo se consulta la medición porque efectivamente no se tiene esa información y se necesita para algo (por ejemplo, medir la presión arterial por indicación médica), de aquellas veces que se hace solo porque a uno lo asalta la incertidumbre.