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Ayo Edebiri, la comediante que desafió a Elon Musk y se consagró con El Oso

Elon Musk ya era uno de los hombres más poderosos del mundo cuando ...

Elon Musk ya era uno de los hombres más poderosos del mundo cuando Ayo Edebiri lo tildó de “idiota” y “fascista” en una historia de Instagram. Fue en marzo de 2025, después de que la actriz recibiera una catarata de insultos racistas y amenazas de muerte a raíz de una fake news que el magnate había compartido en su cuenta de X. La reacción sorprendió a quienes solo la identificaban con Sydney Adamu, la chef brillante y algo insegura de El Oso, aunque no a quienes la habían visto convertirse, mucho antes, en una reconocida comediante de culto y en una de las personas más admiradas entre sus pares. ¿Qué ven en Ayo Edebiri los actores, guionistas y directores que trabajan con ella —y disfrutan haciéndolo— que el resto del mundo recién empezó a descubrir?

La escritura como punto de partida

“Nos conocimos mientras filmábamos el sketch de una amiga en la universidad y me dejó impresionada. Era tan divertida incluso en sus acciones más pequeñas, pero también tan real y comprometida”, escribió la actriz y comediante Rachel Sennott en Entertainment Weekly al recordar los años en que ambas coincidieron en la Universidad de Nueva York. La futura estrella de El Oso había llegado con la intención de convertirse en docente. Sin embargo, después de dos años y medio descubrió que su futuro no estaba ahí. “Era todo lo contrario a esas películas donde un profesor entra a clase y se sube al escritorio. Yo me subía al banco y me decían: ‘Sentate’”, bromeó tiempo después. Enseguida cambió el rumbo, se anotó en la carrera de escritura dramática y empezó a recorrer el camino que la llevó a Hollywood.

La pasión por contar historias, en realidad, ya existía en Edebiri. Antes de imaginar una carrera como guionista, escritora o incluso actriz, una Ayo niña llenaba cuadernos con los relatos que inventaba en Boston, donde nació. Hija única de una madre inmigrante de Barbados y un padre nigeriano, nació el 3 de octubre de 1995 y creció en Dorchester, un barrio obrero donde, además, fue criada bajo las estrictas reglas de la iglesia pentecostal. De aquellos años recuerda los amigos, el coro y un miedo persistente a la muerte: temía que su madre fuera arrebatada al cielo durante el Rapto y que ella, junto a su padre, quedara en la Tierra.

Con el tiempo, Edebiri comenzó a tomar distancia de la fe cristiana evangélica protestante, aunque en varias oportunidades reconoció que la iglesia le dejó una herencia inesperada: le enseñó el poder de las historias. Según contó en una entrevista con The New Yorker, llevaba un diario, escribía con regularidad, imaginaba tramas complejas e incluso llegó a realizar el borrador de una novela.

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“No era una chica graciosa. Diría que era una chica estresada”, confesó en esa misma entrevista. La comedia apareció en su vida bastante después, cuando descubrió la improvisación casi por casualidad. Más que hacer reír, le fascinaba el mecanismo que había detrás del chiste. “Me gustaba cómo me hacía sentir. Significaba que entendía a las personas, que intuía lo que querían”, explicó. Esa curiosidad por observar a los demás, descifrar sus gestos y entender cómo piensan las personas terminaría convirtiéndose en la herramienta que atraviesa toda su carrera.

Animada por un grupo de amigos que conoció en la universidad, Edebiri se volcó al humor y empezó a probar suerte en los escenarios de stand up de Nueva York. Mientras tanto, alternaba los micrófonos con horas como niñera, barista y camarera. “La escritura era todo en lo que podía pensar; estaba en lo más profundo”, recordó años después en una charla con The Hollywood Reporter. Si bien la actuación comenzó a ganar terreno, su objetivo seguía estando detrás de cámara. Determinada y detallista, había trazado un plan casi matemático de cara al futuro: conseguir un puesto como asistente de guionistas en tres o cuatro años y, unos años más tarde, incorporarse de manera estable a una sala de guionistas.

Un plan que salió demasiado bien

El primer gran atajo en ese recorrido llegó de manera inesperada. Un texto humorístico que hizo junto a una amiga para The New Yorker llamó la atención de quien terminaría convirtiéndose en su representante. Después de leerlo, fue a verla hacer stand up y decidió apostar por ella. A partir de entonces, su ascenso comenzó a acelerarse.

Hacia finales de la década de 2010, mientras escribía para Sunnyside, Dickinson y Big Mouth —donde además heredó la voz de Missy Foreman-Greenwald— empezó a encontrar un equilibrio poco habitual entre la escritura y la actuación. Sin convertirse todavía en una figura masiva, ya era una presencia reconocida dentro de la nueva generación de humoristas estadounidenses. “Aunque todos sus personajes son diferentes, ya sea actuando, escribiendo o improvisando, siempre hay un mismo nivel de compromiso y honestidad”, la analizó Rachel Sennott.

Pese a que nunca había sido su idea original, la actuación empezó a abrirse paso casi sin pedir permiso. De a poco aceptó pequeños papeles frente a cámara y construyó una reputación basada en una combinación poco frecuente: escribía, actuaba e improvisaba con la misma naturalidad. Esa mirada integral sobre cada proyecto fue, poco tiempo después, una de las razones por las que el director y productor Christopher Storer se fijó en ella para protagonizar un nuevo drama ambientado en una cocina de Chicago.

La cocina que la convirtió en una estrella

Antes de que existiera Sydney Adamu, Edebiri ya había llamado la atención de Storer por su forma de trabajo y su aproximación a cada proyecto. El vínculo se construyó de manera progresiva, a partir de su recorrido en la industria y de una afinidad creativa que ella misma describió más tarde. “Cuando conocí a Chris, me dijo: ‘Vas a ser directora’. Yo solo dije: ‘Genial, tú diriges mi vida, y me encanta’”, recordó la actriz en The Hollywood Reporter. Con el tiempo, comenzó a interesarse cada vez más por la dirección y la producción, algo que reconoce como parte de su evolución dentro de la industria.

Tras aceptar la propuesta de ser parte de El Oso, Edebiri y Jeremy Allen White —quien interpreta a Carmy Berzatto— viajaron a California para formarse en el Instituto de Educación Culinaria de Pasadena. Su experiencia previa en restaurantes también la ayudó para aproximarse a su personaje: el tiempo que vivió en Nueva York trabajó en el rubro, principalmente en roles de atención al público. “Nunca en cocina, sino como camarera, anfitriona, reservas. Mi primer trabajo fue lavaplatos”, explicó.

El Oso se estrenó el 23 de junio de 2022. La historia de Carmy, el joven chef que vuelve a Chicago para ponerse al frente del restaurante familiar luego del suicidio de su hermano, generó adeptos de inmediato. También Sydney, la determinada, ambiciosa y algo insegura sous chef que llega al restaurante para aportar orden, se ganó el corazón del público y de la crítica. Ese año también se convirtió en una de las actrices más premiadas de su generación: en menos de un año recibió el Emmy, el Globo de Oro, el premio del Sindicato de Actores (SAG) y el Critics Choice.

Además de la fama, el rodaje de El Oso le dejó a Edebiri vínculos que trascendieron el set. Con Jeremy Allen White y Ebon Moss-Bachrach (Richie Jerimovich) consolidó una relación de trabajo sostenida en la confianza y la colaboración cotidiana. La dinámica entre los tres se extendió más allá de las escenas y terminaron siendo amigos. A ese núcleo se sumó Lionel Boyce (Marcus Brooks), con quien compartió gran parte de la experiencia del rodaje.

“Es una de las personas más generosas con las que trabajé”, dijo Boyce sobre Edebiri al describir su manera de estar presente en el set y su disposición para el trabajo colectivo. White también se refirió en varias oportunidades al vínculo que construyeron durante la serie. “Disfrutamos mucho de estar juntos, tanto delante como detrás de cámara”, aseguró y atribuyó a esa relación parte de la química que lograron trasladar a la pantalla.

Además de su trabajo frente a cámaras, Edebiri dirigió uno de los episodios más recordados de la tercera temporada: “Napkins”. La experiencia le valió una nominación del Sindicato de Directores de los Estados Unidos y confirmó un interés que ella misma venía manifestando desde hacía tiempo. “Siempre trato de darme espacio para que mis objetivos cambien a medida que cambia mi vida”, explicó en The Hollywood Reporter. “Aunque diga: ‘No sé qué quiero’, es porque sí lo sé”.

Una vida que cambió de dirección

“Ayer estaba haciendo la compra y pensé: ‘Dios mío, mi vida está a punto de cambiar y no sé en qué dirección’“, confesó a Vanity Fair cuando la fama le golpeó la puerta. La reflexión llegó cuando El Oso ya había dejado de ser una revelación para convertirse en un fenómeno global y ella se afianzaba en una realidad completamente distinta.

En medio de ese vértigo también cumplió un deseo que arrastraba desde la adolescencia: conducir Saturday Night Live. Hizo su debut en el gigante del humor estadounidense en febrero de 2024. “Es algo con lo que soñaba desde chica como comediante. Para mí, es la cúspide del éxito”, aseguró. Sin embargo, enseguida relativizó ese logro: ya de niña había aprendido a no quedarse demasiado tiempo celebrando una meta. ”Pensás: ‘Sí, conseguí esto, pero solo es un paso hacia lo siguiente’. El barómetro del éxito está en constante movimiento”, le explicó a Vanity Fair.

La exposición también modificó su vida cotidiana. “Si estoy paseando a mi perro y un auto se detiene, me asusto porque soy una mujer caminando sola. Y después me dicen: ‘No sos amable’“, contó al recordar cómo cambió su relación con el espacio público. También decidió preservar con más celo su intimidad, especialmente después de los rumores que durante meses la vincularon sentimentalmente con Jeremy Allen White. ”No les voy a mostrar mi vida personal porque son muy raros con mi vida laboral“, sintetizó. En paralelo, las alfombras rojas empezaron a convertirla en una de las figuras más observadas de la moda. Sin proponérselo, la actriz que durante años había sido conocida por un círculo reducido de guionistas y comediantes comenzó a construir una identidad pública a través de su estilo: llevó con actitud y elegancia diseños de firmas como Prada, Proenza Schouler, Loewe, Miu Miu, The Row y Ferragamo. Y se erigió como una nueva it girl.

Seguir siendo Ayo

Mientras El Oso seguía expandiendo su impacto, Edebiri también amplió su carrera en cine. Entre los films que protagonizó se destaca Cacería de brujas, un proyecto del director italiano Luca Guadagnino donde compartió cartel con Julia Roberts y Andrew Garfield. “Ayo es una estrella de cine en el verdadero sentido de la palabra. Tiene un compromiso con la actuación que rara vez se encuentra hoy. Es divertida y extremadamente bella, una combinación muy poco frecuente”, la describió Guadagnino durante la promoción de la película. El cineasta también destacó su perfil multifacético. “Ayo también es directora. Y piensa como una directora”, resaltó.

Julia Roberts también se rindió ante sus encantos. “Creo que Ayo y yo nos hicimos muy buenas amigas. La admiro muchísimo y la adoro de verdad. Es una de las personas jóvenes con más talento con las que he pasado tiempo”, aseguró a Deadline. Su testimonio se sumó al de Rachel Sennott, Jeremy Allen White, Lionel Boyce, Christopher Storer y Luca Guadagnino: voces muy distintas que, desde lugares diferentes, resaltaron de Edebiri las mismas cualidades: compromiso, generosidad, curiosidad, inteligencia y una manera profundamente colaborativa de entender el trabajo. Y, sobre todo, un extraordinario sentido del humor.

“¿Qué significa Ayo?“, le preguntó una periodista de W Magazine hace un año. “Alegría”, respondió ella. “Es el diminutivo de Funmilayo, ‘dame alegría’”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/personajes/ayo-edebiri-la-comediante-que-desafio-a-elon-musk-y-se-consagro-con-el-oso-nid12072026/

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